Indice

 

Presentación

La convocatoria nacional a la Reunión de Expertos "La prevención de la violencia como objeto de investigación y de programas de acción" que tuvo lugar el 15 de septiembre de 1998 ha sido el producto de la iniciativa de la Secretaría de Ciencia y Tecnología del Ministerio de Cultura y Educación y de la Secretaría de Política Criminal, Penitenciaria y Readaptación Social del Ministerio de Justicia de la Nación, y está dirigida a sentar las bases fundantes para el desarrollo de capacidad científica y tecnológica y su articulación con la formulación de políticas y programas de acción en el tema.

El encuentro reunió a expertos internacionales, a funcionarios de los gobiernos nacionales, provinciales, municipales y de la Ciudad de Buenos Aires, a académicos, investigadores y especialistas en la materia, quienes durante el desarrollo de la jornada intercambiaron opiniones confluyendo en un espacio de reflexión que privilegió la amplitud de criterio, la pluralidad de ideas y la multidisciplinariedad de los enfoques.

En la primer parte de esta publicación se reproduce el contenido de las exposiciones de los expertos extranjeros Lola Aniyar de Castro, de Venezuela y Serge Bruneau, de Canadá, quienes transmitieron su saber y experiencia como funcionarios gubernamentales en el manejo de la problemática de la violencia y la seguridad ciudadana. Ambas disertaciones dieron lugar a un diálogo entre los expertos participantes de la reunión y los disertantes, cuya desgrabación se ofrece a continuación del contenido de las disertaciones.

En segundo lugar, se transcriben las conclusiones del trabajo de tres grupos de reflexión conformados in situ, los que llevaron a cabo un enriquecido debate en torno a tres consignas: "La situación de la violencia criminal urbana", "Modelos de prevención", y "Modos de abordaje desde la investigación y los programas de acción".

Con la intención de reflejar el espíritu que animó la iniciativa se reproducen al inicio y al final de la publicación las palabras de apertura y cierre de la jornada a cargo de los funcionarios de las carteras que acordaron la realización de la reunión, las que son expresión de un compromiso de continuidad en el trabajo emprendido, guiado por el convencimiento de la necesidad de instalar el debate académico, basar en el fundamento del rigor científico la formulación de políticas y programas e instaurar nuevos modelos de gestión para el abordaje del problema de la violencia y la seguridad ciudadana.

Un párrafo especial está dedicado a todos los que ya se han sumado a esta iniciativa participando en esta reunión, cuyo listado se ofrece al iniciar la publicación y a quienes reiteramos nuestro agradecimiento. Al mismo tiempo convocamos a todos aquellos que reciban esta publicación a enviar sus comentarios, aportes, sugerencias y manifestaciones de participación en el espacio que ha quedado inaugurado en ambas dependencias oficiales a partir de este encuentro. A tal efecto se encuentran abiertas las siguientes casillas de correo electrónico: 
dirpyp@correo.secyt.gov.ar
y mciafard@jus.gov.ar

Dr. Julio Aparicio
Secretario de Política Criminal,
Penitenciaria y Readaptación Social
Lic. Juan Carlos Del Bello
Secretario de Ciencia y Tecnología

Indice General

Listado de Participantes
Palabras del Sr. Secretario de Ciencia y Tecnología, Lic. Juan Carlos Del Bello

Disertación de la Dra. Lola Aniyar de Castro
"La Participación Ciudadana en la Prevención del Delito:Antecedentes, Debates y Experiencias. Los Comités de Seguridad Vecinales"

El miedo al delito y la emergencia de medidas satisfactorias para enfrentarlo
El marco sociopolítico
Los inicios de la participación
Community Policing
Antecedentes teóricos y formas de control participativo en la prevención
Los Comités de Seguridad Vecinales. La experiencia del Estado Zulia, Venezuela

Disertación del Prof. Serge Bruneau

El cometido de las municipalidades
El empeño de una ciudad: Montreal
"La Seguridad Ciudadana en la Ciudad de Montreal.
"Tandem Montreal": un Programa para la Prevención de la Criminalidad"

Conclusión

Preguntas del auditorio a la Dra. Lola Aniyar de Castro y al Prof. Serge Bruneau

Conclusiones del Trabajo en Grupos

Cierre de la jornada, a cargo del Sr. Secretario de Política Criminal, Penitenciaria y 
de Readaptación Social del Ministerio de Justicia de la Nación, Dr. Julio Aparicio


Listado de Participantes

AQUAVIVA, Alejandra
Lic. en Psicología. Cuerpo Interdisciplinario de Protección contra la Violencia -
Ministerio de Justicia de la Nación

ALONSO, Javier
Lic. en Psicología. Ministerio de Justicia de la Nación

ANIYAR de CASTRO, Lola
Abogada. Experta en Criminología ( Venezuela)

AZERRAD, Marcos Edgardo
Abogado. Colegio Público de Abogados de Capital Federal

BAIGUN, David
Abogado. Profesor en Dercecho Penal, Departamento de Derecho Penal -
Universidad de Buenos Aires

BERTOLUCCI, Dévora María
Abogada. Secretaría de Política Criminal, Penitenciaria y de Readaptación Social -
Ministerio de Justicia de la Nación

BIANCHI, María del Carmen
Lic. en Psicología. Fundación Pibes Unidos y Universidad de Buenos Aires

BRUNEAU, Serge
Profesor. Responsable de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de Montreal (Canadá)

BULLRICH, Patricia
Directora del Instituto de Políticas Públicas de Seguridad Ciudadana

CAMOZZI, María Elvira
Socióloga. Dirección de Acciones Compensatorias –
Secretaría de Desarrollo Social - Presidencia de la Nación

CIAFARDINI, Mariano
Abogado. Director Nacional de Política Criminal -
Secretaría de Política Criminal, Penitenciaria y de Readaptación Social –
Ministerio de Justicia de la Nación

CORSI, Jorge
Lic. en Psicología. Universidad de Buenos Aires

CURA, Edith
Lic. en Psicología. Universidad de Buenos Aires

D’ANGELO, Luis
Lic. en Psicología. Secretaría de Política Criminal, Penitenciaria y de Readaptación Social -
Ministerio de Justicia de la Nación

DE LA VEGA, Jorgelina
Abogada. Asesora del Subsecretario de Gestión, de Política Criminal, Penitenciaria y Readaptación Social – Secretaría de Política Criminal, Penitenciaria y de Readaptación Social -
Ministerio de Justicia de la Nación

D´HERS, Jorge Eduardo
Dr. en Psicología Social. Secretaría de Política Criminal, Penitenciaria y de Readaptación Social -
Ministerio de Justicia de la Nación

DI NELLA, Yago
Lic. en Psicología, Secretario Técnico del Programa de Investigación, Formación Y Asistencia Técnica de Alternativas del Control Social – Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación -
Universidad Nacional de La Plata

DOMINGUEZ LOSTALO, Juan Carlos
Lic. en Psicología, Director del Programa de Investigación, Formación y Asistencia Técnica en Alternativas del Control Social – Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación -
Universidad Nacional de La Plata

EILBAUM, Lucía
Estudiante. Facultad de Filosofía y Letras - Universidad de Buenos Aires

FERREYRA, José Félix
Lic. en Psicología. Fundación Argentina para el Tercer Mundo (FATEM)

FONT, Enrique Andrés
Abogado. Investigador del Centro de Estudios e Investigaciones en Derechos Humanos -
Facultad de Derecho - Universidad Nacional de Rosario

FORTEZA, Cecilia
Lic. en Trabajo Social. Posgrado en Problemáticas Sociales Infanto Juveniles - Centro de Estudios Avanzados – Universidad de Buenos Aires

FUGARETTA, Juan Carlos
Abogado. Juez de Cámara en lo Criminal y Correccional de la Provincia de Buenos Aires

GANON, Gabriel
Abogado, Centro de Estudios e Investigaciones en Derechos Humanos – Facultad de Derecho – Universidad Nacional de Rosario

GIMENEZ, Arnoldo A.
Abogado, Auditoría General de la Nación y Universidad de Buenos Aires

INTROZZI, Ariel
Abogado, Secretaría de Política Criminal, Penitenciaria y de Readaptación Social - Ministerio de Justicia de la Nación

ISLA, Alejandro Raúl
Antropólogo. Investigador. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

LA RUFFA, Silvia Paola
Lic. en Ciencias Políticas. Instituto de Políticas Públicas de Seguridad Ciudadana

LOIZO, Juana Mercedes
Lic. en Psicología. Facultad de Ciencias Humanas – Universidad Nacional de San Luis

LOSADA, María Angeles
Abogada. Programa de Seguridad Ciudadana – Secretaría de Gobierno – Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

MAHIQUES, Carlos
Abogado. Juez de Cámara en lo Criminal - Poder Judicial de la Nación

MALLMAN, Carlos
Físico. Matemático. Centro de Estudios Avanzados – Universidad de Buenos Aires

MARCO DEL PONT, Luis
Abogado. Investigador. Profesor en la Cátedra de Criminología - Universidad Nacional de Córdoba

MARINO, Silvia Carmen
Abogada. Secretaría de Política Criminal, Penitenciaria y de Readaptación Social - Ministerio de Justicia de la Nación

MEDINA, Mirta
Lic. en Psicología. Facultad de Psicología - Universidad Nacional de Tucumán

MIGUEL, Darío Edgardo
Subsecretario de Gestión de Política Criminal, Penitenciaria y Readaptación Social - Secretaría de Política Criminql, Penitenciaria y de Readaptación Social - Ministerio de Justicia de la Nación

MIKULIC, Isabel
Lic. en Psicología. Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales y Universidad de Buenos Aires

MITHIEUX, Mónica
Abogada, Secretaría de Política Criminal, Penitenciaria y de Readaptación Social – Ministerio de Justicia de la Nación

OCAÑA, Viviana
Lic. en Psicología. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales - Universidad Nacional de Cuyo

ORDOÑEZ, Enrique
Lic. en Psicología. Secretaría de Seguridad - Ministerio del Inetrior

OTANO, Graciela Edit
Abogada. Socióloga. Facultad de Derecho – Universidad de Buenos Aires

PALMIERI, Gustavo Federico
Abogado. Centro de Estudios Legales y Sociales

PEGORARO, Juan
Sociólogo. Instituto Gino Germani - Universidad de Buenos Aires

PEREYRA, Ana
Lic. en Psicología. Secretaría de Ciencia y Tecnología. Ministerio de Cultura y Educación

PUEBLA, María Daniela
Lic. en Servicio Social. Cátedra de Criminología – Departamento de Servicio Social –Facultad de Ciencias Sociales – Universidad de San Juan e Instituto de Investigaciones Socio-Económicas

RECALDE, Alicia
Lic. en Psicología Social. Lic. en Economía. Secretaría de Ciencia y Tecnología. Ministerio de Cultura y Educación

RIESEL, Ester
Abogada. Cuerpo Interdisciplinario de Protección Contra la Violencia Familiar - Ministerio de Justicia de la Nación

RODRIGUEZ, Marta Verónica
Lic. en Relaciones Humanas. Directora del Area de Niñez y Adolescencia del Secretariado Nacional para la Familia – Conferencia Episcopal Argentina

ROSUA, Fernando
Abogado. Ministerio de Gobierno, Justicia y Culto de la Provincia de Santa Fe

SAGARDUY, Ramiro
Abogado. Ministerio de Gobierno, Justicia y Culto de la Provincia de Santa Fe

SLEIMAN, Fátima
Lic. en Ciencias Políticas. Programa de Seguridad Ciudadana – Secretaria de Gobierno – Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

SOSA SUAREZ, María Luz
Lic. en Psicología. Cátedra de Psicología Jurídica - Facultad de Ciencias Humanas – Universidad Nacional de San Luis

SOZZO, Máximo Emiliano
Abogado. Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales – Universidad Nacional del Litoral

STAMPALIJA, Claudio
Abogado. Foro Latinoamericano de Alcaldes y Universidad de Buenos Aires

TISCORNIA, Sofía
Antropóloga. Centro de Estudios Legales y Sociales e Instituto de Ciencias Antropológicas - Universidad de Buenos Aires

VARELA, Osvaldo H.
Lic. en Psicología. Facultad de Psicología – Universidad de Buenos Aires

VASILE, Virginia
Abogada. Secretaría de Política Criminal, Penitenciaria y de Readaptación Social – Ministerio de Justicia de la Nación

VELASCO, Juan Manuel
Lic. en Ciencias de la Educación. Instituto de Políticas Públicas de Seguridad Ciudadana

VIOTTI, Tulio Flavio
Abogado. Secretaría de Política Criminal, Penitenciaria y de Readaptación Social - Ministerio de Justicia de la Nación

VUANELLO, Roxana
Lic. en Psicología. Cátedra de Psicología Jurídica – Facultad de Ciencias Humanas - Universidad Nacional de San Luis

YANCO, Guillermo Eduardo
Abogado. Instituto de Políticas Públicas de Seguridad Ciudadana

YAPUR, Alejandro César
Abogado. Secretaría de Política Criminal, Penitenciaria y de Readaptación Social – Ministerio de Justicia de la Nación

 

Palabras del Sr. Secretario de Ciencia y Tecnología, Lic. Juan Carlos Del Bello

 En primer lugar, quiero hacer llegar a todos ustedes el agradecimiento por su concurrencia a esta convocatoria que hemos realizado en forma conjunta con el Ministerio de Justicia, que los invita a realizar un intenso trabajo como el que se propone esta jornada. Al respecto, la Secretaría de Ciencia y Tecnología está interesada en promover la generación de capacidad científica y tecnológica alrededor de un tema tan preocupante y actual como el de la Violencia y la Seguridad Ciudadana. Para ello, se ha fijado como meta incorporar en el Plan Nacional Plurianual de Ciencia y Tecnología 1999-2001 esta temática.

Dicho Plan resulta el instrumento ordenador de los distintos esfuerzos nacionales y regionales de política científica y tecnológica. Como tal, expresa la agenda de temas y actividades de este carácter que resulta prioritario atender en pos de contribuir al logro de los objetivos nacionales.

Es de periodicidad trienal, pero estos trienios son móviles, posibilitando adoptar un sistema no rígido de incorporación paulatina de nuevas áreas temáticas que podemos considerar prioritarias.

Las primeras definiciones -incorporadas al Plan 1998-2000- las hemos alcanzado en torno al Sector Agroalimentario, a las temáticas del Mar Argentino, Biotecnología, y Cambio Climático. En el corriente año estamos trabajando en la inclusión, para el período que se inicia, 1999-2001, de la Microelectrónica y estamos muy deseosos de incorporar una agenda de temas que tengan que ver con lo social. Esto es una forma de comenzar a establecer equilibrios en todo lo que hace a la política científica, y en particular en la investigación de temáticas sobre problemas de carácter social.

A partir de nuestra participación en programas latinoamericanos o del Mercado Común del Conocimiento (MERCOCyT), estamos en muy buen diálogo con los países de la región y nos llamó poderosamente la atención el Programa de Violencia del Plan Nacional de Ciencia y Tecnología de Venezuela. No digo que este es el único tema en la agenda de temas sociales porque estamos tratando otros y quiero hacer un reconocimiento a los países hermanos de la región que han sido pioneros en estos temas desde el punto de vista de la investigación científica, incluso de las políticas prácticas como Costa Rica y Colombia.

Nuestro país tiene un escaso desarrollo del conocimiento en la materia y por lo tanto nos encontramos frente al desafío de desarrollar un esfuerzo que conduzca no solamente a una comprensión más integrada del fenómeno de la violencia y de la seguridad urbana, sino también con relación al análisis de políticas prácticas de las diferentes estrategias que se han adoptado.

Este es el propósito que nos anima a hacer esta reunión de expertos. Tenemos claro interés en que se pueda hacer una agenda de tópicos y aspectos a ser considerados como prioritarios en el tema, para insertarla en el Plan Plurianual 1999-2001. Ello significa asignar fondos por parte del Estado en ciencia e investigación -no digo que tengamos un fondo reservado para esta temática, pero sí considerarla como prioritaria-, a través del Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología (FONCyT) y su sistema de evaluación, mediante el cual se lleva a cabo un análisis de mérito que comprende la evaluación de la calidad intrínseca de las iniciativas propuestas por los proyectos de investigación y la pertinencia o sea la relevancia. Este último aspecto es el que nos lleva a hacer una selección de los temas.

Este sistema es secuencial, realizando en primer lugar, un examen de la calidad intrínseca de las iniciativas a través pares y, luego de haber pasado por el registro de la calidad, habiendo satisfecho estos requisitos, se financian prioritariamente los proyectos por pertinencia -es decir, coincidencia con las prioridades establecidas en el Plan Nacional Plurianual-. Nosotros queremos asignar a la temática de la violencia la misma importancia que se le asigna a otras.

En síntesis, éstas son mis palabras de apertura para hacerles llegar la importancia de la temática que hoy nos convoca a esta reunión y agradecer el trabajo en conjunto con la Secretaria de Política Criminal, Penitenciaria y de Readaptación Social del Ministerio de Justicia que nos acompaña en este esfuerzo.

Disertación de la Dra. Lola Aniyar de Castro

"La Participación Ciudadana en la Prevención del Delito:
Antecedentes, Debates y Experiencias. Los Comités de Seguridad Vecinales"

 A partir de mi rol como senadora de la República, mi motivación fue llevar al Congreso proyectos de ley que se acomodaran a un desarrollo teórico realizado durante años y a las discusiones y a las críticas que habíamos elaborado en la Universidad. Luego fui gobernadora del mismo Estado. Les explico esto porque para mí fue una experiencia de vida que pasa por lo teórico y termina en lo práctico, con los ajustes y frustraciones del caso; así que la disertación de hoy comienza con un Mea culpa de una criminóloga crítica que se enfrentó a la realidad de gobernar.

Las propuestas para combatir la inseguridad se ubican dentro de la corriente llamada de la Criminología Organizacional, la cual proporciona más instrumentos técnicos de lucha contra el crimen que debates teóricos en relación con la sociedad y el sistema de Justicia Penal.

Los criminólogos críticos, que hemos empezado por cuestionar la definición misma de "criminalidad", solemos insistir en políticas más generales: hablamos generalmente de Política Social como igual a Política Criminal (con lo cual se llevaban a instancias muy generales las acciones posibles para paliar el mal que acosaba a aquellos con los cuales nos comprometimos: los que no tienen poder). Desdeñamos "lo técnico" y rechazamos la expresión "seguridad", la cual encontramos, no sin razón, impregnada de connotaciones negativas: por una parte, porque recuerda la mal afamada consigna de Ley y Orden, y por la otra, porque la expresión "Seguridad", asociada a "Nacional", ha tenido en nuestros países las consecuencias que conocemos.

Sin embargo, a pesar de que algunos de los primeros cuestionadores de la criminología tradicional (Taylor, Walton y Young) terminaron acuñando la frase "considerar seriamente la criminalidad" (take crime seriously), nuestra tendencia ha olvidado la importancia que el sentimiento de inseguridad, y la inseguridad misma, tienen para la calidad de vida, y ha menospreciado la significación que para la gente, especialmente la de menos recursos, tienen los objetos que adquieren para su modestísimo confort y con tan gran esfuerzo. Había que estar en contacto frecuente con los pobres -y nosotros lo estuvimos- para conocer cómo piensan en relación a esto. Precisamente ellos, por no tener otros espacios de esparcimiento y vida que los de su trabajo y su barrio, quieren que éstos sean apacibles y que la violencia no los acose.

La criminología crítica puso en segundo lugar la lucha contra el crimen porque el delito ha sido una conducta generalmente atribuida a las clases bajas. Por eso, y como tarea de contrainformación radical, dedicamos tanto tiempo a estudiar la delincuencia de clase alta. Era el momento de la antítesis. Sin embargo, la seguridad había dejado de ser un bien público para convertirse en el privilegio de quienes podían pagar una costosa y peligrosa policía privada. De esta manera, la inseguridad se trasladaba a las zonas más desprotegidas.

Lo que los críticos olvidamos por mucho tiempo fue a las víctimas de los delitos convencionales. Olvidamos que esas víctimas eran también, y prioritariamente, aquellos que pertenecen a las clases con más privaciones vitales. Y que luchar por sus intereses era también contribuir a ofrecerles una vida apacible, y, por lo tanto, darles un pedazo de la sociedad que se les había siempre negado. Aceptar esto significa no olvidar la situación que tienen en un sistema que los margina a un espacio social y urbano que, por deteriorado, favorece las conductas socialmente dañinas comúnmente consideradas "delito". Y que el compromiso sigue siendo la lucha contra la injusticia. A la vez, hay que insistir en un control más estricto de las policías privadas que compran las clases media y alta.

Tal vez ha llegado el momento de la síntesis.

El miedo al delito y la emergencia de medidas satisfactorias para enfrentarlo

La llamada "crisis de seguridad" es una constante en la historia contemporánea. Algunos autores que le han seguido la pista en diferentes épocas a este fenómeno, se preguntan, como Kamisar, "¿Cuándo no hubo una crisis delictiva?". Porque una de las aseveraciones más exactas es la de la funcionalidad del delito para el sistema: no sólo, como decía Marx, produce profesores de criminología, libros, facultades universitarias, estudios policiales, y su correspondiente industria de uniformes y armamentos, sistemas y aparatos de seguridad, sino que vende periódicos, películas y noticieros, a la vez que ofrece una táctica comunicacional de primer orden para múltiples fines: aglutinar consensos, estimular la agresividad colectiva, legitimar autoritarismos y otras situaciones de carácter meramente político como desviar la atención sobre otros problemas, montar sobre el miedo al delito un programa electoral, etc.. Las crisis de seguridad, pues, más que crisis, suelen ser construcciones sobre una situación de inseguridad que es crónica en el medio urbano.

Por otra parte, las incapacidades manifiestas del sistema de justicia penal, el cual ha sido una de las más grandes desilusiones del siglo que termina, hacen pensar a la gente que puede o debe tomar la justicia por mano propia, o, en el mejor de los casos, corresponsabilizarse de medidas de seguridad que le conciernen.

Eso ha generado dos cosas: 1) las nuevas tendencias y teorías para un control alternativo al del sistema penal, incluidas las tesis abolicionistas, -que son bien interesantes y debieran discutirse esta tarde- ; y 2) que el objetivo inmediatista de la seguridad se haya convertido en un tema más debatido que el de la Prevención, entendida ésta como se había venido exponiendo durante muchos años.

La emergencia del temor al delito, entonces (sin duda tanto o más importante social y políticamente que el delito mismo) , ha venido desplazando el debate crítico sobre la sociedad, sus parámetros morales y las deficiencias de las Políticas Sociales, en favor de los medios técnicos a utilizar para evitarlo aquí y ahora.

Agréguese que se espera que para dentro de las dos décadas siguientes la gran mayoría de la población planetaria vivirá en las ciudades, y que la inseguridad tiene que ver, en mayor grado, con las poblaciones altamente urbanas. Súmese a esto el desajuste social ocasionado por la liberalización de la economía y podemos entender la ansiedad por encontrar remedios a la inseguridad; tema, por cierto, que hay que manejar con el cuidado debido, para que no se convierta en una bandera del paradigma autoritario de Ley y Orden, la cual ondea peligrosamente cada vez que la población se siente desprotegida, bien por la delincuencia, bien por algunas circunstancias económicas o sociales.

El sentimiento de inseguridad se ha convertido en un problema centralmente político, que aparece en todos los discursos y programas electorales. Es un tema de escandalosa presencia en los medios y que presiona tanto a los gobernantes que a veces no permite a las agencias públicas el tiempo necesario para largas disquisiciones, ni para programaciones cuidadosas, de modo que hasta las evaluaciones y ajustes de las medidas asumidas se hacen generalmente sobre la marcha. Y debe ser así, pues muchas veces los estudios y propuestas hechos a nivel académico tropiezan con las particularidades de los medios sociales, culturales y económicos donde deben ejecutarse. Porque no hay recetas universales.

El marco sociopolítico

En el marco de la prevención del delito la participación ciudadana, la cual es parte de la hoy llamada "nueva prevención", tiene un rol fundamental, y se ha comprobado su satisfactorio grado de eficacia dentro de los límites que tiene una visión parcial del fenómeno.

Curiosamente, la presencia de los ciudadanos en la acción que tradicionalmente ha sido asignada al Estado pertenece por igual a dos corrientes muy disímiles del pensamiento político, lo cual, sin duda, también es una ventaja para su aceptación:

1) De un lado, puede considerarse parte de una concepción avanzada de la democracia social (la democracia participativa), en la que los ciudadanos tienen algo propio que decir y un espacio para actuar directamente de acuerdo a su particular concepción del mundo y sus intereses específicos, los cuales son generalmente locales. En esta concepción, profundamente humanista, desplegar la energía social es una forma de perfeccionar la democracia. Y ella es convocada para participar y responsabilizarse de las tomas de decisión de todas las políticas sociales.

2) Por otro lado, que es precisamente el menos humanista, el llamado a la participación se inscribe dentro de la actual tendencia política dominada por el binomio globalización-descentralización , que tiene que ver con el debilitamiento del Estado-Nación en beneficio de la desregulación y de la libertad en las relaciones sociales y económicas; que hace deslizar, hacia los gobiernos locales y las comunidades, el control interno de la vida social y la solución del mayor número posible de necesidades y conflictos. Elementos de este nuevo sistema, son los siguientes: a) el progresivo abandono de las responsabilidades tradicionales de un Estado, ahora minimalista, consecuencia de la primacía de la libertad del mercado es, por una parte, la reducción del Estado, del cual se espera que se limite a básicas cuestiones estratégicas (defensa de fronteras, ambiente, impuestos, legislación para la convivencia al margen del marco desregulado de la economía); y b) que se haga un llamado a la autoayuda (self help) en los otros ámbitos que habitualmente comprendían la asistencia social. De la misma manera con que, por ejemplo, desaparecen los Institutos de Protección al Consumidor, para dar paso a los Institutos de Protección a la Libre Competencia, considerando que el consumidor debe y puede defenderse solo, o apoyarse en las leyes de la oferta y la demanda. Así, se mira al ciudadano como capacitado, a través de sus propias organizaciones, para la defensa de su paz local.

La descentralización administrativa es parte de esta nueva concepción de la gerencia pública. Y la participación social se convierte en uno de los extremos aceptados del continuum de la descentralización, el cual culmina con las políticas de privatización, las cuales se prevén, como se ha dicho, prácticamente en todos los órdenes.

"Poner a participar" es, entonces, una forma de compensar las deficiencias, reales o programadas, del Estado.

A esto se agrega que la acción del Estado en la prevención general, entendida ésta como Política Social, nunca es totalmente abarcante, totalmente satisfactoria, totalmente eficiente. Aún cuando es una utopía -para utilizar las palabras de Baratta: una utopía positiva- y ella debe orientar la acción oficial, el Estado actual tiene debilidades fundamentales, tanto en lo económico como en lo organizacional, que le impiden poner en marcha un programa cien por ciento racional y efectivo para la prevención general. Implicaría asegurar un complejo sistema de libertades donde exista, a la vez, absoluta igualdad de oportunidades, pleno empleo, sistemas de salud y educación eficientísimos, política habitacional que cubra el territorio nacional, e, inclusive, una regulación de las ganancias y de los ingresos que impida una excesiva diferencia de recursos entre los diferentes estratos sociales. La hiperracionalidad y el verticalismo propios del Estado socialista permitieron cubrir en una gran extensión estos objetivos. Sin embargo, no pudieron financiar tantas responsabilidades durante mucho tiempo. Hoy se dice que fue esta imposibilidad financiera, más que una reconsideración ideológica, lo que generó la caída del Muro de Berlín.

En lo estratégico, pues, nos encontramos con que una consecuencia de la quiebra económica del Estado Asistencial, es la creciente escasez de recursos públicos para satisfacer las necesidades colectivas: el Estado no puede ya invertir como antes, y se encuentra ante la alternativa de no producir respuestas adecuadas a los problemas o de buscar la cooperación de los particulares. En el terreno de la seguridad ciudadana esto podría expresarse -más gráficamente que en otras áreas-, con la frase "sálvese quien pueda". La debilidad económica del Estado, pues, frente a una gestión tan ambiciosa, también convoca a la participación ciudadana.

Esta escasez de recursos no es característica solamente de los países latinoamericanos. En Europa, el problema de la reducción de la asistencia pública o social y la contracción del Estado, se plantea precisamente por el desequilibrio de los presupuestos oficiales que no resisten más el peso del creciente Estado de Bienestar.

Agreguemos que, por oposición a la hiperracionalidad de los regímenes verticales o, lo que es lo mismo, por su definición como un sistema de consensos, negociaciones y libertades, en los regímenes horizontales hay también un problema de gobernabilidad, que habiendo sido asumido como real, convoca a la co-responsabilidad ciudadana.

El llamado a la participación se produce también porque, en lo táctico, el Estado nunca puede estar lo suficientemente cerca de la gente como para compartir y comprender sus vivencias, sus necesidades, sus aspiraciones, su cotidianidad, y hasta sus diversidades. Es decir, sus prioridades, las que, además, son variables según los diferentes espacios sociales.

Es pues, también, un reconocimiento de la ineficacia del sistema penal. Así, el recurso a la participación se eleva a todas las instancias de este sistema, incluida la Administración de Justicia.

Los inicios de la participación

La primera etapa de la historia del control parece ser la participativa. La presencia ciudadana en el control social no es nueva; por el contrario, es tal vez la más antigua forma de control. En la Biblia ya se encuentran formas de justicia colectiva. Lo eran el Sanedrín y otros Consejos de Ancianos de la antigüedad. Pero se trataba generalmente de sistemas autogenerados por la sociedad, que no obedecían sino a sus propias normas.

Una vez que se fortalecieron los sistemas de dominación feudales, la actividad controladora perteneció a los Señores y a los Reyes, quienes en ocasiones la compartían con los ciudadanos.

Crawford relata la existencia de los tything systems que, según algunos autores, se conocieron desde la época del Rey Alfredo. Estos sistemas establecían la obligación de todo hombre mayor de 12 años de formar un grupo con 10 familias vecinas (esto constituía un tything), cuya responsabilidad colectiva era la de guardar el orden y llevar a juicio a las personas que cometían delito y que, de paso, se ocupaba de cobrar los impuestos reales. A su vez, estos tything se asociaban en grupos de 100 los que rendían cuentas a un hundredman. En 1285, el Estatuto de Winchester consagró lo que se llamaba el principio de la responsabilidad local en la actividad controladorara, y establecía la obligación de abandonar el trabajo y perseguir el fugitivo cuando se hubiera dado la voz de alarma.

Posteriormente, las reglas del nuevo Estado, que hoy conocemos, trajeron no sólo la codificación y un orden diferente, sino también la aparición de la policía profesional. Es contra esta policía que, a través de los años, se va a insurgir con propuestas de presencia civil.

Community Policing

La primera revolución contra la policía profesionalizada es la llamada Community Policing. En general, esta es una propuesta para mejorar cualitativamente una policía profesional basada en normas rígidas para la acción y para las actividades sumariales: la que trabajaba en el interior de sus Departamentos y se presentaba a la comunidad sólo cuando era llamada a imponer el orden; o cuando era enviada por sus propios jefes a hacer investigaciones o redadas. A través de esta nueva filosofía policial, la policía de patrulla es sustituida por una policía más libre y creativa, más en contacto con la gente, que espera escuchar las prioridades de esa gente antes de actuar y que incorpora la colaboración de la misma en sus actividades propias. La policía deja así de ser reactiva para convertirse en proactiva, y sus agentes no sólo son más autónomos, sino que deben considerarse a sí mismos como una nueva generación de policías. Se considera la única agencia de control social que está abierta las 24 horas, durante los 7 días de la semana. Entre sus objetivos deberá estar el impulsar cambios, no el intentar dar órdenes a la comunidad desde afuera y trabajar en forma descentralizada. Con una policía de este corte, se tendrán más probabilidades de mejorar la calidad de vida de los vecinos, de aumentar el nivel de seguridad ciudadana y de disminuir el miedo al delito.

Esta reformulación de la actividad policial tiene también la ventaja de que puede borrar la tradicional desconfianza que siente la comunidad por la policía, la que -no sin razones que los criminólogos críticos conocemos bien- a veces es más temida que la delincuencia. Y además, al ser asignada a una zona específica, la acción policial tiene la potencialidad de extenderse a otras esferas de colaboración en la vida ciudadana del grupo de referencia y de hacerse más participativa, en la medida en que se involucra más con los problemas de la comunidad. La policía, de esta manera, está en mejores condiciones de entender los condicionantes negativos del entorno y de poder incidir sobre ellos.

Esta es la primera revisión que hace la policía de su eficacia y de su rol. Disminuye su papel autoritario y fundamentalmente represivo para convertirse en preventiva. Es una policía que vive en la comunidad y que comparte la vida de las comunidades, que conoce a sus miembros, que indaga sus prioridades, que trata de resolver sus conflictos antes de que se conviertan en hechos abiertamente delictivos, que es una ayuda en momentos difíciles. Generalmente, esto es más una teoría policíaca que una teoría política de la participación. Por eso, y por provenir del interior mismo de la institución, encontraremos a veces un lenguaje típicamente policial. Por ejemplo, entre los diez principios de la Community Policing, según Trojanovicz, a quien se le considera el padre de esta nueva concepción, encontramos la siguiente expresión: "Community Policing implica un nuevo contrato entre la policía y los ciudadanos a quien sirve [...]. Esta nueva filosofía descansa en la creencia de que la gente, en la comunidad, merece influir (input) en el proceso policial, a cambio de su participación y apoyo". En efecto, algunos policías piensan que simplemente están manipulando a la gente para los objetivos de la policía tradicional. Esta es una de sus posibles perversiones.

Los límites entre la policía comunitaria y la comunidad actuando como policía son difusos y movedizos. Y esta expresión (Community Policing), abarca algo más que "Policía Comunitaria". Significa también acción policial de la comunidad. Depende de los modelos. Por ejemplo, el modelo que presenta Wicoff de Community Policing se parece mucho a los Comités de Seguridad Vecinales. Hay una estación policial en el vecindario, se privilegia el patrullaje a pie, existen encuentros periódicos entre policía y vecinos, y hay coordinación con el sistema del neighbourhood watch. Sin embargo, se trata de "encuentros" y de "coordinación", no de interacción, y la respuesta está basada en la normativa legal contra la droga y contra el delito. Sigue siendo, pues, un modelo policial. Inclusive se habla de la preparación académica de cuidados en esta materia.

De la Community Policing, pues, se evolucionará hacia los verdaderos sistemas de participación ciudadana.

En todo caso, la "Policía Comunitaria", aunque es sin duda un gran avance sobre el modelo profesional y reposa sobre un cierto grado de participación, no representa aún un modelo totalmente social, y su éxito dependerá del tipo de formación de los agentes policiales así como del grado de penetración que haya en ellos y en los jefes de Departamentos Policiales, de la cultura corporativa que tan bien ha descrito Zaffaroni.

Antecedentes teóricos y formas de control participativo en la prevención
Tesis diversas

La participación comunitaria se inscribe en sucesivas tesis de este fin de siglo, que pueden comprenderse en conceptos como los de "Gobierno a Distancia", "Gobernar sin Gobierno" (Rhodes, 1995), "Policías sin Uniformes", "La Muerte de lo Social" (Rose,1996), "El Vaciamiento del Estado-Nación" (Jessop, 1993), la "Emergencia de la Sociedad de Riesgo" (Beck, 1992), y "Menos gobierno pero más gobernabilidad" (Osborne y Gabler 1992), los cuales se explican por sí solos.

Modalidades de prevención vecinal

Hay que comenzar diciendo que estos sistemas no son totalmente efectivos ni dan posibilidad de predecir sus resultados; y que a veces son ellos mismos también ingobernables. Tampoco los que vamos a identificar a continuación son los únicos: hay sistemas que son algo más que las organizaciones que el Estado facilita y apoya. A veces se trata de las zonas grises neo-corporativas de las que habla Habermas para referirse a las elites de poder local, los partidos políticos, las agencias preestablecidas, las organizaciones caritativas y religiosas, elementos del mundo académico y representantes de otros grupos privados organizados; que pueden tener estrategias y hasta valores diferentes a los oficialmente perseguidos, y que están siempre dispuestos a mediatizar las organizaciones comunitarias.

"Vigilancia del vecindario" (neighbourhood watch), "Espacio Defendible" (defensible space) y "Vigilantismo", son las diferentes expresiones que se han utilizado para mencionar algunas de las modalidades actuales de la participación. Los "Comités Vecinales de Seguridad", por su parte, son un sistema que hemos conocido muy de cerca pues desde nuestra responsabilidad de gobierno tuvimos la ocasión de ponerlos en práctica. A explicarlos dedicaremos un apartado especial.

La consecuencia filosófica -nada desdeñable- de esta manera "tecnocrática" de enfrentar el delito, es que se abandonan las teorías causalistas de la personalidad criminal y se disminuye el interés en las prácticas rehabilitadoras.

1) "Vigilancia del Vecindario" (neighbourhood watch). Son formas de coordinación de los habitantes de una zona para realizar patrullajes a pie o vigilancia por turnos en el vecindario. Un control estricto debe ejercerse sobre este sistema para evitar que degenere en otros que, a través de la historia, han tenido gravísismas consecuencias de ilegalidad, atropellos y connotaciones definidamente antidemocráticas; por ejemplo, la ultilización de alambradas o cercas electrificadas, el uso de perros asesinos y, en su grado más peligroso, el llamado "Vigilantismo", en el cual puede asumirse la justicia por mano propia, o arrastrarse a la comunidad en una violenta "Caza al Enemigo" que en ocasiones puede degenerar en linchamientos. Los linchamientos son generalmente producto del vigilantismo. Culbertson ha llamado la atención sobre el poder privado y considera que el "Vigilantismo" ha estado presente en todas las etapas de la historia norteamericana, desde los inicios de la nación, en el Far West. De esos orígenes, que sin embargo también se encontraban en la Europa del medioevo, provienen los llamados al público para que detengan a personas sospechosas o criminales, en los afiches o páginas de periódico con las fotos de las personas solicitadas a cambio de un premio. Estos son los denominados "Crime Stoppers", ampliamente utilizados en los Estados Unidos a través de los métodos más disímiles, como las páginas web, donde aparecen los datos de la persona buscada: apodo, último domicilio, y así sucesivamente. No siempre es a cambio de un premio, y a veces se pide la colaboración de la comunidad hasta con títulos humildes como: "Autoridades solicitan ayuda para perseguir a un fugitivo".

Estos métodos no son aceptables no sólo porque abren la posibilidad de extralimitarse hasta el punto de que algunas personas se convierten en verdaderos policías particulares y dedican su vida a perseguir las recompensas, sino por su inaceptable contenido infamante y estigmatizador. Este sistema, por otra parte, cuando es a cambio de premios, le otorga un sentido mercantilista al deber ciudadano de no ocultar el conocimiento que tiene de un delito o de advertir la presencia de un delincuente. Los países que han sufrido regímenes autoritarios saben lo peligroso que es, además, facilitar un modelaje de sociedad de denunciantes.

Marta Huggins ha escrito sobre las relaciones del "Vigilantismo" y la política en América Latina, especialmente en los regímenes autoritarios, incluyendo los homicidios por encargo, linchamientos y escuadrones de la muerte y algunas formas de violencia extralegal de la policía.

Precisamente para evitar la desviación del "Vigilantismo", es conveniente prever un buen sistema de participación, controlado dentro de los límites legales.

2) La tesis de la "oportunidad" y de la "prevención situacional del crimen", de Clarke y otros, explica que el delito es mayoritariamente un producto de la oportunidad. Se evitaría o reduciría el delito, por una parte, reduciendo las oportunidades físicas del crimen (sustituyendo teléfonos públicos operados con monedas por otros de tarjetas magnéticas, creando la modalidad de tarjetas de pago en los almacenes en vez de pago en efectivo, y hasta colocando los llamados "policías acostados" en las calles, y estableciendo defensas especiales); y por la otra, disminuyendo su atractivo en el mercado ilegal (marcando los objetos), así como aumentando el nivel de detección del mismo. En esta última situación se ubica la tesis del "Espacio Defendible".

3) "Espacio Defendible" es el nombre que Newman da a su tesis, en 1972, a partir de un trabajo inicial de Jacobs (1961) en Estados Unidos, seguidos por los trabajos de Alice Coleman en Gran Bretaña (1985).

Estas tesis están vinculadas a la Escuela de Chicago de los años 30, y pueden ser encuadradas dentro de la clasificación de "teorías ecológicas de lucha contra el crimen". El "Espacio Defendible" está definido por un tipo de sistema constructivo habitacional que permite zonas de vigilancia en común, ampliamente iluminadas, o circunscritas por casas, muros o cercas o con monitores, que permiten una mirada permanente sobre ellas y sobre el juego de los niños y una mayor visibilidad del paisaje que es marco de la vida cotidiana. Consiste, al decir de Colman, en una manera de evitar las zonas anónimas y confusas, que no pertenecen a nadie, a las que nadie cuida y sobre las que nadie tiene control; es decir, en cortar el paradójico proceso de la urbanización tradicional en el que se "rompe la comunidad y, sin embargo, se dejan extraños dentro de ella". Algunos proyectos habitacionales públicos fueron hechos con esa orientación. Y muchos proyectos privados se han puesto en práctica con esta modalidad.

Esta serie de modalidades del pensamiento preventivo culmina con la tesis de Wilson y Kelling's (1982) de la "Vitrina Rota"; expresión que simboliza el deterioro del vecindario, lo que se daña y no se repara, algo de lo que nadie aparentemente es responsable y que no moviliza a nadie. La presencia de estas incivilidades contribuye al abandono de la zona, a que el control informal desaparezca, y a que el delito se incremente en un círculo vicioso que, reiteradamente, va aumentando y fortaleciendo la criminalidad.

Estas "cosas pequeñas" que hoy se denominan "faltas de civilidad" o "incivilidades" (incivilités) o microdelincuencia, en el decir de estos autores, es lo que ha ocasionado el fracaso de la policía profesional -la de patrulla- que arranca al policía de la comunidad al introducirlo en estos vehículos y lo separa definitivamente de ella.

Parece importante detenernos un instante a esclarecer el concepto de "incivilidades", que es aquello por lo que más sufren las clases desprotegidas.

Las incivilidades son "malas conductas", infracciones, o conductas agresivas o atemorizadoras, previstas o no en las leyes, pero que no siempre llegan a ser consideradas delito ni son perseguidas como tales por los funcionarios de la justicia penal, aunque en ocasiones están previstas en Códigos Penales, de Policía, o en los Libros de Faltas o Contravenciones y en las leyes peligrosistas.

Son incivilidades, por ejemplo, la destrucción de los aparatos telefónicos públicos, los destrozos en el alumbrado, las amenazas o "cobros de peaje" a los vecinos; las acciones tendientes a asustar a los pasajeros en los metros o subterráneos u otros vehículos de transporte en común, la evasión del pago del mismo, la destrucción de sus asientos o de las instalaciones eléctricas; las expresiones obscenas reiteradas contra alguien y otros tipos de provocaciones verbales; el mostrar los genitales a las mujeres del vecindario; el robar la ropa puesta a secar en los patios de las casas, u objetos de adorno o uso cotidiano; la borrachera pública; la actitud agresiva de bandas juveniles, las amenazas a niños que regresan solos de la escuela. Ese tipo de conducta suele ser de gran impacto para la calidad de vida de los ciudadanos, precisamente porque se producen en la vida cotidiana y pueden provenir casi de cualquier persona. Pero cuando se trata de actitudes persistentes, sobre todo cuando provienen de grupos de personas, el terror colectivo se convierte en obsesión.

Algunos mecanismos conocidos de control posterior como la mediación, la solución privada de los conflictos, y hasta el recurso a los Jueces de Paz en caso de fracaso de la acción comunitaria, pueden ser efectivos para evitar el deslizamiento al delito, cuando la acción es dañina pero aún no incriminada. Pero si solamente la presencia ciudadana sirviera para reducir esas conductas, ya se estaría generando un significativo incremento de la calidad de vida, y una contención importante del sentimiento de inseguridad.

La importancia de combatir la microdelincuencia tiene que ver, por lo tanto, con el expandido temor que ella causa y con su cotidianidad; y sobre todo porque es la que más se ha incrementado en los últimos tiempos, porque la acción policial sobre ella es muy rara y casi nunca se castiga a los culpables.

Algunas veces la participación se produce en gran escala, como cuando se involucran varias instituciones en la prevención de la violencia, generalmente juvenil, cuyas víctimas son también jóvenes o niños. Los objetivos pueden ser controlar el porte de armas, la droga, el alcohol y el cigarrillo.

"Partnerships to Prevent Youth Violence", por ejemplo, es un llamado a la colaboración entre las escuelas, los padres y representantes, las asociaciones de vecinos, los grupos profesionales y las organizaciones de servicio. Entre otras cosas, provee de un decálogo de cosas que hay que enseñar a los niños en las escuelas para contener la violencia y la victimización en su sector, como por ejemplo: enseñar a los jóvenes a utilizar medios pacíficos para resolver sus conflictos, a mediar entre sus compañeros en disputa, evitar que las confrontaciones en los campos de juego se conviertan en violencia, cómo resistir a la presión de los compañeros a consumir drogas y a evaluar los posibles resultados de los actos violentos.

Ventajas del control participativo

La popularidad del control participativo estriba, entre otras cosas, en que sustituye a la desprestigiada policía motorizada, en la tranquilidad que da la vinculación con agentes policiales conocidos y relacionados con los vecinos, en basarse más en las nociones de seguridad y de vigilancia que en la de acción policial, en la circunstancia de que son los ciudadanos los que colaboran con la policía, pero no son ellos mismos policías (ni lo parecen) y en la constatación de que la criminalidad suele ser intra-clase, intra-racial y afecta predominantemente a los más pobres, lo que hace que la gente del sector suela conocer a los culpables, especialmente a aquellos que cometen lo que hemos identificado como incivilidades.

Otra ventaja posible de estos sistemas, es que la gente asume un sentimiento de territorialidad, que se vincule más a su ambiente, que permanezca más tiempo viviendo en la zona con la posibilidad de que allí crezcan y funcionen líderes positivos del grupo que faciliten buenos procesos de identificación. No hay que descuidar el hecho, sin embargo, de que ese sentimiento de territorialidad puede degenerar en agresividad para los outsiders, o hacer creer que los insiders no son peligrosos para el grupo, lo que a veces no es cierto.

Baratta pone un interrogante detrás de los sistemas de participación. Según él, ellos pueden quedarse sólo adelantando las funciones simbólicas, de capitalización de consenso populista por parte de los políticos. "La nueva prevención al igual que la vieja justicia penal, puede entonces desempeñar su papel en una política como espectáculo, es decir, en la tecnocracia del poder, en lugar de ser expresión de democracia, o sea, de la autoorganización de la respuesta pública a las necesidades de quienes son sus verdaderos portadores ".

La observación de Baratta tiene que ver con la tradicional y generalizada desconfianza de los criminólogos críticos hacia los políticos. Es, sin embargo, contradictoria con el compromiso asumido por nosotros de asumir el poder para poner en práctica las teorías, y por este camino, convertirnos en políticos de nuevo cuño, cosa que más de uno ha hecho hasta el momento (por ejemplo, Zaffaroni, Batista, Pavarini, Kosovski, Delgado Rosales y quien suscribe), con la mayor transparencia y una actitud engagée. Es también contradictoria con la constatación que hemos hecho de la actitud hiper-represiva de la comunidad, de la rabia -legítima o no- que a veces la posee, y de las posibilidades de su desbordamiento violento. La aplicación de técnicas de carácter democrático y progresivo no puede confundirse con "tecnocracia del poder". Por otra parte, si no hay una disposición proactiva por parte del Estado para poner en marcha estas iniciativas, adelantándose en el tiempo a las tomas de conciencia colectiva, estamos retrasando la experiencia de la organización popular. En nuestro gobierno, la participación fue una constante en todas las áreas en las que nos tocó actuar: en salud (entregando a la comunidad la administración de los recursos aportados por el gobierno a los hospitales y ambulatorios), en educación (mediante el proyecto de Escuelas Activas, en las que la comunidad de padres participaba del proceso enseñanza-aprendizaje, de la gestión escolar y hasta de la elaboración de meriendas y uniformes de los escolares, a través de la formación de microempresas familiares); en seguridad, con los Comités de Seguridad Ciudadana; en cultura, con las organizaciones comunitarias de cultura; en vivienda, con las Asociaciones de Vivienda, y la enseñanza y aportación de sistemas autoconstructivos; y hasta en obras públicas, donde a veces nosotros aportábamos los materiales y la comunidad la mano de obra, o bien entregábamos contratos a asociaciones creadas en los barrios para el equipamiento de los mismos. Para ello pusimos en movimiento un departamento oficial, especialmente asignado a la organización de la comunidad, es decir, para orientarla y enseñarle sus derechos y posibilidades de autoayuda y para ofrecerles el apoyo logístico, técnico, y financiero del gobierno. No sé si eso se llama tecnocracia o espectáculo populista, pero la gente aprendió a responsabilizarse de la satisfacción de sus necesidades, entendió el sentido de la organización, asumió al gobierno como un colaborador y un promotor y no como un ente que entregaba limosnas; y se sintió orgullosa de sus logros, que concibió como propios.

(Para mejor ilustración de las relaciones policía-comunidad ver GRAFICO 1)

Los Comités de Seguridad Vecinales. La experiencia del Estado Zulia, Venezuela

En l994 asumimos, por elección, el gobierno del Estado Zulia. Este Estado, con 3 millones de habitantes, es una entidad económicamente poderosa pues es el principal productor de petróleo y carbón y tiene un alto nivel de producción ganadera y agrícola. Tiene uno de los puertos más importantes del país, el de Maracaibo, y es también por eso un centro de comercio importador. Es un estado limítrofe con Colombia, con una frontera que podríamos llamar "caliente" por las incursiones de la guerrilla y el narcotráfico provenientes del país vecino, todo lo cual determina un alto porcentaje de robo de vehículos y de secuestros de ganaderos con fines de rescate. Pero, a la vez, un empresariado enérgico, que no emigra y que constituye un grupo de presión significativo. También unas fuerzas armadas muy activas en el resguardo fronterizo y del orden público por tratarse de una zona petrolera, y, por lo tanto, de estratégica importancia para el país.

La presencia de una población indígena campesina que, aunque no muy abundante, está bien organizada, con sus propios requerimientos de desarrollo -una buena parte de ella ubicada en las zonas fronterizas- había producido algunos actos de violencia contra los empresarios de la ganadería y sus fincas, pero también ha tenido sus víctimas de atropellos y despojos, en algunas ocasiones por parte de éstos, en otras, por parte de las fuerzas armadas.

Encontramos una policía que, en términos generales, era corrupta, perezosa, desorganizada, inculta, mal remunerada, dirigida por un coronel de la Guardia Nacional, la cual solía cometer sus propios delitos.

A ese panorama general que era, sin embargo, muy específico del Estado Zulia, se sumaban los hechos delictivos habituales en todo medio: corrupción, abuso de poder, violencia doméstica, violación de derechos fundamentales y delincuencia de toda índole. Así que nos obligaba a diversas y enérgicas acciones en diferentes frentes. Es decir, implicaba poner en práctica una visión global de la prevención que, al tratarse de una acción de gobierno conformado por funcionarios de una misma categoría ideológica, tenía la posibilidad de insertarse en una concepción especial de la sociedad; es decir, en una política social que tenía sus prioridades axiológicamente predeterminadas. Claro que la política social (educación, salud, nutrición, vivienda, cultura, condiciones sanitarias) era (es) una actividad a largo plazo, en tanto que algunas de las actividades preventivas tenían la posibilidad de dar resultados a mediano y corto plazo.

Por eso, además de la Dirección de Prevención del Delito (la cual debía producir estos programas a corto y mediano plazo); de la Oficina de Salvaguarda del Patrimonio Público, para luchar contra la corrupción; del Instituto de Protección al Consumidor; de la Defensoría de los Derechos Humanos; de la Oficina de Protección al Indígena; y de la Oficina de Atención al Campesino; todas las cuales también creamos, porque no existían, hubo acciones que estaban orientadas específica, aunque no exclusivamente, a la seguridad.

Así, hubo programas para reducir la violencia doméstica y sexual, los cuales llevamos a cabo conjuntamente con las autoridades civiles (Prefectos) en las diferentes parroquias, y la Casa de la Mujer (que era una preexistente organización civil de voluntarios). Igualmente, se tomaron decisiones y se hicieron cambios significativos con vistas a sanear la policía y dotarla de medios para actuar con prontitud.

Por supuesto, la inseguridad era parte importante de la agenda política. En efecto, el sentimiento de inseguridad era general y clamaba cotidianamente, especialmente en los barrios más desfavorecidos, por una respuesta satisfactoria. Puede decirse que obedecía a presiones reales y que estas presiones eran, más que la motivación para una acción populista, el reflejo de un grave malestar social que requería de una actitud oficial responsable. Enfrentar la delincuencia común, especialmente en los barrios, y hacerlo dentro de un marco general de respeto de los derechos humanos y de manera totalmente democrática, fue el reto que se nos presentó.

De esta manera y, dentro de una política general de acción participativa en todos los órdenes -como hemos dicho- el gobierno regional que presidíamos crea en l995, las instancias de partenariado para la seguridad: una a nivel de coordinación general, y otra local. El contexto en que se pusieron en práctica estas iniciativas, determinó sus características.

El primer nivel estuvo constituido por el Consejo Regional de Seguridad, al cual fueron adscritos representantes del Poder Judicial, de la Policía, de las Fuerzas Armadas de Cooperación, de la Iglesia y de la empresa privada (grandes y pequeñas Asociaciones de Comercio y Producción), así como de cada una de las Alcaldías del Estado, y la Dirección Regional de Prevención del Delito; estaba presidido por la Gobernadora y el Secretario de Gobierno. Su finalidad fue la de coordinar las acciones globales, producir un brain storming de acuerdo a las experiencias y capacidades de colaboración de cada entidad, establecer prioridades y evaluar los resultados. Desde el principio nos apercibimos de que, por la clase social a la que pertenecían sus integrantes, las prioridades se orientarían al control de los robos de vehículos. Así fue, y tenemos que reconocer que su actividad no tuvo mayor trascendencia, porque las llamadas "fuerzas vivas" suelen protestar, pero casi nunca se involucran en las soluciones. Sin embargo, fue un primer paso para concretar la necesidad de que todos los sectores sociales formen parte de las tomas de decisión.

Los Comités de Seguridad Vecinales

Estructura: estas organizaciones de base estuvieron fundamentalmente integradas por las Juntas o Asociaciones de Vecinos; los agentes policiales (preferiblemente habitantes de la zona) asignados a cada Comité; por el Prefecto o Jefe Civil de la Parroquia; por representantes de las iglesias activas en la zona; por los vecinos voluntarios; por comerciantes, si los había; y por representantes de las escuelas y los grupos culturales y deportivos. Estas categorías no eran fijas y dependían del grado de voluntad de cada uno para involucrarse y de la disponibilidad de tiempo que tenían. Las condiciones para pertenecer a ellos eran conformar un grupo de personas realmente interesadas en la seguridad, sin antecedentes penales y preferiblemente apartidistas.

Objetivos: estos Comités debían tener como objeto: 1) no sólo la lucha contra el delito sino la disminución del sentimiento de inseguridad; 2) el desestímulo a las brutalidades policiales; 3) el refuerzo de la solidaridad y de la organización; 4) facilitar el conocimiento de los modos de producción delictiva en cada zona; y 5) valorizar respuestas sociales e imaginativas. Siendo un modelo abierto de reacción social sin más límites que los que ponía la ley, aunque no necesariamente dentro de las respuestas que ella propone, la solución privada de los conflictos, el arresto policial, la indemnización, o cualquier otra acción legítima posible, podía producirse en el medio.

Estrategias de Aplicación: los barrios de Maracaibo-ciudad donde comienza la experiencia- como en muchas otras ciudades de Venezuela, suelen tener una trayectoria parecida a la de las personas: nacen con gran precariedad de recursos y luego crecen y se consolidan. Empiezan en forma repentina, de la noche a la mañana, usualmente por invasiones a tierras ajenas realizadas por un grupo de personas que se pone previamente de acuerdo para hacerlo y que, una vez adentro, marcan el territorio y se organizan para vigilarlo y defenderlo de la policía y de otros invasores. Generalmente buscan el padrinazgo de un político que los proteja y le ponen el nombre de las madres de los presidentes, de gobernadores u otros que suponen los pueden ayudar. Si logran permanecer -y muchos lo hicieron- el barrio comienza a consolidarse porque la organización incipiente que lo constituye se sofistica cada vez más, inclusive en el terreno legal, al constituir las asociaciones de vecinos previstas en las leyes, y se dedican a mejorarlo en servicios y en calidad de las viviendas. Así, en algunos años y durante un período variable de tiempo, lo que en un inicio es un rancherío de palos y planchas de cinc o de cartón pasa a convertirse en barrios de aspecto grato y limpio.

Por eso, para comenzar, preferimos aquellos que ya tenían una historia asociativa. Comenzamos por interesarlos, por motivarlos a colaborar con la reparación de las casetas policiales que encontramos abandonadas, y por poner en marcha los vehículos patrulleros descompuestos (casi todos los que encontramos). El gobierno asignaba ciertos recursos, según las circunstancias: agentes policiales y aparatos de comunicaciones.

De esto es importante destacar que había inversión de capital vecinal -variable por supuesto- según las posibilidades del grupo. Con esto se reforzaban los sentimientos de pertenencia y de responsabilidad común.

Hoy sabemos que, para que un modelo participativo vecinal tenga éxito es necesario, en primer lugar, asegurar las siguientes cosas: 1) que la comunidad misma identifique cuáles son los problemas; 2) que los objetivos sean compartidos; 3) que el liderazgo sea igualmente compartido; y, preferentemente, 4) la participación de jóvenes. Suele ser útil también involucrarlos en la reconstrucción del área física común del vecindario, el rescate de los espacios abandonados para actividades positivas.

Evaluación: los autores se refieren normalmente a las dificultades de evaluación de procesos tan complejos. Kennedy y Moore se refieren a ello al destacar las dificultades de categorización y definición de estos procesos, que al ser abiertos y flexibles presentan diferencias y modalidades incontables. Especialmente difíciles son los criterios de éxito a utilizar. Evidentemente, no es posible quedarse en cifras sobre cuántos arrestos, cuántos bienes fueron recuperados, etc.. Como se ha dicho, la importancia de estos sistemas está menos en la cantidad que en la calidad. En primer lugar, porque es imposible conocer la cantidad de hechos dañinos que no se cometieron, tratándose de actividades con más énfasis en la prevención que en la represión. En segundo lugar, porque lo cualitativo no puede ponerse en cifras. No pueden medirse con números la transformación de una comunidad indiferente en una de solidaridad activa, responsable, o la capacidad para innovar en soluciones. Habría que valorar la importancia del trabajo en equipo, de las soluciones que se ofrecieron en cada caso e, incluso, las relaciones delincuente-víctima que pudieron establecerse.

Sin embargo, algunos incrementos cualitativos podrían medirse: la reducción de la corrupción y de la brutalidad policiales, del sentimiento de inseguridad y del aumento de la credibilidad en la función policial.

El nuestro fue un gobierno en el que los criminólogos, todos ellos pertenecientes a la corriente crítica, participaron en políticas de prevención y seguridad, aun cuando también estuvo signado por esa tendencia en materia referida a derechos humanos, como la no aplicación de leyes de peligrosidad predelictual, el no reclutamiento forzoso, y los procedimientos no brutales de contención de manifestaciones o de desalojo de invasiones. Durante ese tiempo, tratándose de un período muy corto (2 años) en el cual apenas se inició el programa y se establecieron unos 120 Comités, sin haber podido alcanzar la cobertura de toda la geografía regional que proyectamos, no podemos presentar una evaluación rigurosa de cómo funcionaron. Especialmente tomando en cuenta los sofisticados instrumentos de evaluación que se requerían.

Aspectos positivos producidos: tuvimos información de primera mano de la satisfacción que estos Comités generaron y de la estimación que los más antiguos hicieron en el sentido de que habían logrado obtener un "80 % de reducción de delincuencia", tomando en cuenta la cifra negra, extensísima, de las llamadas incivilidades. Siempre entendimos que cuando hablaban de reducción de delincuencia, ellos computaban también las incivilidades, los pequeños hurtos, las agresiones cotidianas.

Desde el principio, pues, y a partir solamente de la expresión verbal de los miembros de estos Comités, tanto ante los coordinadores oficiales como ante diferentes medios de comunicación, pareciera que el resultado de estos Comités fue exitoso. La corrupción y los atropellos policiales parecían desaparecer en la zona, pues no hubo denuncias ni acusaciones.

Efecto significativo -aunque no sorprendente- pues en todos los casos en que hemos encontrado experiencias comunitarias sobre un problema, a menudo los vecinos extendían su radio de acción para ocuparse de otros. Algunos de estos Comités empezaron a constituirse en agentes de protección general de los habitantes del barrio con problemas de salud y de otra índole; además, se iban insertando voluntariamente en otras actividades asociativas del gobierno (culturales, de salud, de obras públicas, rescate de establecimientos deportivos abandonados), con lo cual incorporaban a su entorno otros elementos de la política social en marcha.

Creemos que el resultado más importante fue la satisfacción que sentían acerca de lo que consideraban sus éxitos. Y eran en realidad sus éxitos. Nunca hubo una queja de linchamientos, de justicia por mano propia, de algo semejante.

Otros vecinos, de diferentes barrios, acudían a las dependencias oficiales para que se constituyeran estos Comités en sus áreas. Rápidamente estuvimos desbordados porque la preparación de cada Comité tomaba cierto tiempo. Posteriormente, habitantes de urbanizaciones más favorecidas comenzaron a solicitarlos. En estos casos, estaban más interesados en la caseta policial y la asignación de agentes y vehículos patrulleros con exclusividad para el sector. Era evidente que cada clase social tenía requerimientos diferentes, tanto en calidad como en cantidad. Las clases altas y medias tienen sus propios recursos para defenderse (muros altos, rejas, seguridad privada, aparatos electrónicos, etc.). Así que, aunque dimos prioridad a los más desprotegidos, en ocasiones en algunas urbanizaciones de clase media con tradición asociativa encontrábamos parte del trabajo ya adelantado y voluntad para colaborar poniendo al día, o construyendo su propia caseta policial, o aportando otros recursos materiales; así que en algunos de estos casos, se les asignaron también agentes y se instalaron Comités.

Al incluir Comités de clases medias y altas estábamos también desestimulando la contratación de policías privadas, que son difícilmente controlables.

Nos resulta difícil también evaluar la continuidad y el éxito del programa, una vez que el gobierno finalizó.

En cuanto a información sobre "Procedimientos policiales efectuados por los Comités de Seguridad Vecinal en el período 1996-97", fueron 2.402; con 3.390 detenciones practicadas, 490 vehículos recuperados, 461 menores retenidos, 142 armas incautadas, 2.621 objetos recuperados, y 147 sustancias estupefacientes. Esta información ha sido elaborada por el gobierno actual pero lamentablemente no se explicita la fuente de los datos, ni los lugares, ni el tipo de procedimientos. Y por otro lado, es una información que nos produce cierta perplejidad. Suponemos, a pesar del título con el que nos es ofrecida, que se trata de procedimientos policiales "a instancias de los Comités", y no de los realizados por ellos mismos. Al interesarse más por lo cuantitativo que por lo cualitativo, más que un verdadero análisis de su funcionamiento, lo convierte en un documento en busca de impacto político.

Están por evaluarse casi todos los objetivos, así como la manera en que se producían e insertaban las decisiones de la comunidad; así como sus relaciones con la policía y con los actores de los hechos combatidos. Importante hubiera sido también conocer, de fuente interna de los Comités, qué tipo de conducta consideraban prioritario perseguir, qué alternativas ofrecieron al sistema formal de control, y qué soluciones preventivas podrían obtenerse del conocimiento más profundo y detallado de los hechos que debían tener tanto los agentes policiales como los otros miembros del Comité. Como se trata de sistemas de "aprender haciendo", y novedosos, los sistemas de evaluación tienen que ser sofisticados. Diseñar los instrumentos apropiados es una tarea que está por hacerse en el ámbito académico.

(Para una mejor ilustración de los principales aspectos a los cuales apuntan los Comites de Seguridad Vecinales ver GRAFICO 2)

GRAFICO 1



GRAFICO 2




Disertación del Prof. Serge Bruneau

"La Seguridad Ciudadana en la Ciudad de Montreal.
"Tandem Montreal: un Programa para la Prevención de la Criminalidad"

 La intervención que propongo hacer hoy está basada en una experiencia de más de 15 años en prevención de la criminalidad. Mis responsabilidades sobre la gestión y política de seguridad urbana en la Municipalidad de Montreal son las de dirigir el programa "Tandem Montreal" para la prevención de la criminalidad del Municipio. Estas actividades me han permitido ser miembro, desde 1994 hasta 1997, del Consejo Nacional de Prevención del Crimen, el cual tenía principalmente dos mandatos: aconsejar al gobierno sobre la concepción, implantación y evaluación de una estrategia global de prevención del crimen; y constituir un centro de referencia para los grupos que se emplean para desarrollar acciones en ese campo.

La estrategia nacional para la prevención del crimen tiende principalmente a elaborar estrategias locales para luchar contra la criminalidad. El foco esta puesto sobre los niños, los jóvenes, los autóctonos y las mujeres. A esos fines, el Gobierno Federal de Canadá destina cada año 32 millones de dólares para ayudar a las colectividades a acrecentar programas de prevención y crear asociaciones para ayudar a prevenir la criminalidad.

Esta estrategia del gobierno canadiense tiene tres metas: a) favorecer la concertación entre los principales socios, gubernamentales y no gubernamentales, a fin de reducir la criminalidad y la victimización; b) ayudar a las colectividades a elaborar y poner en marcha soluciones locales a los problemas que contribuyen a la criminalidad y a la victimización, sobre todo en lo que atañe a los niños, los jóvenes, los autóctonos y las mujeres; y c) acrecentar la sensibilidad y el apoyo del público a las acciones de prevención del crimen.

Desde algunos años, se habla mucho de "estrategia" cuando se trata de prevención de la criminalidad. La reflexión del Consejo Nacional de Prevención del Crimen nos ha permitido identificar varias características para transitar por un buen camino: la eficacia, que permite reducir el crimen y la victimización; la rentabilidad, que permite un rendimiento óptimo en relación con los costos; el atractivo, que hace que la opinión pública pueda adherirse; y la factibilidad, es decir, proyectos realistas que las colectividades puedan lograr.

En Canadá, hasta hace poco, la lucha contra la criminalidad era sobre todo cuestión de represión. Según estimaciones bastante conservadoras, nuestro país gasta cada año 9,9 millones de dólares solamente para su sistema de justicia criminal. Si agregamos a esto los gastos personales, como los gastos en salud, las pérdidas materiales o las pérdidas de ingresos, el Consejo Nacional de Prevención del Crimen ha estimado en 46 millones de dólares el costo anual de la criminalidad en Canadá. Y esos gastos me parecen todavía bien modestos.

La criminalidad nos cuesta muchos gastos que son difícilmente cuantificables. Como lo decía el Consejo Nacional de Prevención del Crimen, la criminalidad causa sufrimiento, crea inseguridad y cambia el retrato de nuestras colectividades. Hay que desechar absolutamente la idea de reducir el impacto de la criminalidad únicamente a los gastos asociados al sistema de justicia criminal o a los servicios de policía. Hay mucho más y no hay que olvidarlo.

De hecho, ninguna respuesta tradicional a la lucha contra la criminalidad ha podido dar resultados comprobables. Como lo decía un representante (J.M. Léger) de la más importante compañía de sondeo de Quebec (Léger & Léger): "Cuando enfrentamos los desafíos de mañana, con los métodos de ayer, tenemos los problemas de hoy. Para tener los resultados que nunca tuvimos, hay que hacer lo que nunca hemos hecho todavía". Se debe, entonces, buscar nuevos caminos para hacer cara al crimen. La prevención de la criminalidad, sin ser el camino de los milagros, es por lo menos tan útil como la represión. El mejor camino es el que nos conduce hacia un equilibrio entre la prevención y la represión.

Además, si queremos prevenir la criminalidad, hay que obrar localmente. Las personas que viven, trabajan y se recrean en un medio ambiente preciso son las más indicadas para identificar cuáles son los problemas, las necesidades del lugar y para trabajar en erigir las condiciones propicias para mejorar la situación.

La respuesta a las necesidades de la población no se puede improvisar y, sobre todo, no es una "moda pasajera". Si deseamos que las acciones de prevención de la criminalidad tengan éxito, hay necesariamente que planificarlas. La planificación de una actividad de prevención de la criminalidad es un proceso que no tiene nada que ver con la improvisación. Según Mauricio Cusson, profesor en la Escuela de Criminología de la Universidad de Montreal, la planificación de un proyecto de prevención de la criminalidad comprende seis (6) etapas mayores:

El cometido de las municipalidades

En este punto, quisiera hablarles de mi experiencia como responsable de la seguridad urbana para el municipio de Montreal. Hace poco tiempo que se identifica claramente a "la ciudad" como lugar central de desempeño de la prevención de la criminalidad. Fue la "Conferencia Europea y Norteamericana sobre la Seguridad de las Ciudades", la que dio el punto de arranque, en 1989, al proclamar: "Es principalmente al nivel de las ciudades que se debe conducir una política de prevención del crimen".

Aristóteles decía, hace mucho tiempo: "La ciudad es antes de todo la gente que la compone, que nace, que muere, que vive, que trabaja, que se distrae, que sufre. Más que esa gente, la ciudad es un lugar donde viven juntas las personas. Más que esas personas, la ciudad se compone de las relaciones entre esas personas. La ciudad es ese lugar donde se encuentra el otro, el que nos reconoce."

Creo que todas nuestras acciones deben contribuir a hacer de la ciudad un lugar agradable para vivir y desarrollarse respetando a nuestro prójimo y nuestras diferencias. El coeficiente de criminalidad y el sentir de seguridad de los ciudadanos son dos indicios pertinentes de la "salud" de una ciudad.

El crimen y la inseguridad tienen repercusiones mayores sobre una ciudad: la disminución del desarrollo económico, el éxodo de los habitantes, el miedo a circular, el aislamiento de la gente más vulnerable, la baja del turismo y más… Esos ejemplos desastrosos son consecuencias del recrudecimiento de la delincuencia, de la violencia y de la inseguridad.

La exacerbación de tales problemas debe ser considerada con mucha atención porque puede constituir una amenaza a los fundamentos de nuestra sociedad: a la democracia y a los derechos de la persona. Como lo indicaba el programa de las Naciones Unidas en 1994, la seguridad es uno de los elementos fundamentales en el desarrollo durable de nuestras sociedades.

Prevenir la criminalidad es, ante todo, la búsqueda de respuestas adaptadas a los problemas que se viven localmente y a sus causas. Las experiencias de prevención de la criminalidad se apoyan cada vez más en esta conclusión, es decir que apoyan su fundamento en un diagnóstico local de los problemas y asocian los habitantes a la búsqueda y a la puesta en marcha de soluciones, siendo casi siempre las experiencias que tienen más éxito.

La prevención de la criminalidad nos concierne a todos. Afortunadamente, somos cada vez más propicios a comprender y a aplicar esa afirmación. Es un paso adelante necesario para la preservación de nuestra calidad de vida individual y colectiva. Las estrategias eficaces de prevención de la criminalidad exigen el empeño de todos los actores sociales: gobiernos centrales, municipalidades, empresas privadas y públicas, organizaciones y asociaciones, sin olvidar los principales actores, los ciudadanos. El compromiso de cada uno es distinto, pero es el complemento necesario de las acciones de los otros. Es por eso que debemos hablar hoy en día de "coproducción de la prevención de la criminalidad".

Pero no se puede concebir una solución durable a los problemas de violencia, de delincuencia y de inseguridad sin la movilización de las colectividades locales. Ahí está el secreto del éxito. No se puede entablar un combate sin la movilización de los actores principales. No hay que olvidar que una ciudad no tiene legitimidad si sus habitantes no son felices. Una ciudad donde reinan la violencia, la criminalidad, el miedo y la inseguridad es una ciudad en peligro de abandono: sus habitantes no tendrán interés de apropiársela, de crecer en ella, de invertir, de vivir… ¡La seguridad es un bien público!

El empeño de una ciudad: Montreal

En 1982 la Municipalidad de Montreal, inspirándose en la visión que se apoya sobre la búsqueda de soluciones locales a los problemas de seguridad, crea su programa de prevención de la criminalidad "Tandem Montreal". Su filosofía es "hacer con" y no "hacer para".

Antes de proceder a la creación de ese programa la municipalidad determinó algunos elementos, consideraciones y normas esenciales: a) si no hay una voluntad política claramente expresada, no se puede tener un éxito real; b) esa voluntad política debe ser acompañada de una decisión de colocación de fondos; c) la prevención debe ser considerada como una inversión y no como un gasto; y d) la seguridad pública es un derecho y no un privilegio.

Hay que decir aquí que la legislación de las municipalidades de la provincia canadiense de Quebec indica que la protección de los bienes y de las personas es una responsabilidad mayor de los municipios. La municipalidad es, ni más ni menos, como el director de orquesta en todo lo que refiere a la seguridad, cada municipio debe determinar su manera de ejercer esa responsabilidad.

El "Programa de Prevención de la Criminalidad de la Municipalidad de Montreal" fue creado en 1982. Su implantación se hizo gradualmente. Fueron necesarios siete años para poner el Programa en marcha sobre el territorio de la ciudad que pertenece al municipio. El Programa Tandem es dirigido por la municipalidad, pero la gestión local es hecha por organizaciones de la comunidad. La municipalidad se divide en nueve regiones. En cada región, la municipalidad de Montreal ha firmado un contrato con una organización, la que es elegida a través de ofertas públicas. Cada dos años, la municipalidad determina cuáles son las organizaciones de la comunidad más adecuadas para asumir la gestión local del programa de prevención de la criminalidad. Ese proceso, que se asemeja a cualquier relación comercial, permite a la municipalidad mantener un control adecuado sobre la calidad del servicio y de su administración. La municipalidad de Montreal compra un servicio a las organizaciones que se dicen listas a asumir la responsabilidad de la seguridad urbana. Ese servicio se llama: la prevención de la criminalidad.

El Municipio de Montreal cree que es muy pertinente asociarse a las organizaciones de la comunidad porque: están al tanto de las acciones locales; conocen bien los problemas que se presentan localmente; son peritos; y pueden establecer fácilmente colaboraciones con las otras asociaciones del barrio.

El contrato entre la Municipalidad de Montreal y las organizaciones exige que éstas: a) establezcan un diagnóstico de seguridad y que propongan al municipio de Montreal un proyecto global para responder adecuadamente a los problemas identificados por el diagnóstico. Este es el elemento esencial de toda estrategia de prevención de la criminalidad; b) desarrollen asociaciones con la policía, con las empresas privadas y públicas, con las escuelas, etc.; c) sean el complemento a las acciones de los socios y viceversa; d) estén listas a asumir el liderazgo local; y e) evalúen las acciones.

De su lado, la Municipalidad de Montreal, además de la colocación de 1,5 millones de dólares canadienses, vela por: a) la dirección del Programa; b) la formación de la plantilla del Programa; c) la creación de los instrumentos necesarios a la realización de los proyectos; d) las relaciones públicas; y e) el apoyo técnico.

Como se trata de un Programa municipal, es el municipio el que determina los principales puntos del contrato.

Para 1998-1999, la Municipalidad de Montreal ha identificado seis principales ejes de acción:

A fin de brindar información, "Tandem Montreal", con sus 17 puntos de servicio y sus 50 empleados, cubre un territorio de más de un millón de personas y contribuye a hacer de Montreal una ciudad segura. A partir de los problemas identificados, los interventores de "Tandem Montreal" organizan, con la colaboración de diversos socios locales, más de dos mil actividades de información, sensibilizan a más de cien mil personas y reparten unos trescientos mil desplegables de información. En las próximas líneas, trataré de mostrar más en detalle el trabajo concreto del Programa "Tandem Montreal", según los seis principales ejes de acción identificados.

La prevención de las introducciones residenciales con fractura: "Proyecto Capullo"

La prevención de los robos en las residencias con fractura es uno de los componentes mayores de "Tandem Montreal" desde su creación en 1982. Entre 1981 y 1997, este tipo de delito ha disminuido en más del 20%. Desplegables de información sobre la seguridad domiciliaria han sido producidos por el Programa.

Sabiendo, por experiencia, que a un robo con fractura en una residencia, sigue casi siempre un segundo y varios otros en el mismo sector, el "Proyecto Capullo" trata de prevenir los robos con efracción repetitivos.

El "Proyecto Capullo" viene a ser una adaptación de un proyecto del norte de Inglaterra muy conocido: el "Modelo Kirkholt". Este se compone principalmente de dos acciones para prevenir los robos repetitivos: visitar a las víctimas para proponerles maneras de proteger más eficazmente su residencia; y vigilar, en colaboración con sus vecinos, las cinco o seis casas alrededor. El Municipio de Montreal se inspiró en ese modelo inglés para sentar las bases de la acción de su programa de prevención de la criminalidad, según del cual se exponen a continuación las diferentes etapas de implementación:

La seguridad de la mujeres en el medio ambiente urbano

Es cosa probada que la criminalidad y la inseguridad afectan a los hombres y a las mujeres de manera bien diferente. Cuando se trata de seguridad pública no se pueden abordar los problemas de la misma manera. Inseguridad y calidad de vida no son compatibles. "Tandem Montreal" considera tener la responsabilidad de influir sobre el sentimiento de inseguridad que afecta cada día a la ciudadanía de Montreal. De hecho, nos parece inaceptable que las mujeres se vean impedidas de hacer cosas por miedo a la criminalidad. Un hecho importante a destacar es que no debe considerarse que sean las mujeres las únicas responsables de su seguridad. Es primordial sensibilizar y educar a todos los actores de la sociedad sobre la realidad cotidiana de las mujeres y sobre el necesario empeño que se debe hacer para mejorar su seguridad y para disminuir su sentimiento de inseguridad. Es también muy importante que los hombres se comprometan y hagan alianzas con las mujeres para lanzar un desafío a la inseguridad que viven ellas en el medio ambiente urbano. Por lo tanto, "Tandem Montreal" reconoce esos hechos y la importancia de hacer participar en primer plano a la mujeres en la búsqueda de soluciones, sin olvidar la necesaria responsabilidad de los hombres hacia la violencia sufrida por las mujeres. En consecuencia, el Programa se empeña en: desarrollar acciones a partir de las necesidades y de las preocupaciones de seguridad expresadas por las mujeres; orientar sus acciones de manera de permitirles tener un poder efectivo de elegir y de obrar; y crear, en cada una de las regiones del municipio, asociaciones con el objeto de aumentar las posibilidades de éxito en cuanto a la lucha contra los fenómenos de violencia y de inseguridad que viven las mujeres.

Estos objetivos nos han permitido definir tres niveles de intervención: a) la seguridad en los espacios públicos; b) el sentimiento de inseguridad; y c) la sensibilización de los hombres hacia la violencia sufrida por las mujeres.

De esta forma, y para responder a nuestra meta central que es garantizar a las mujeres la seguridad que merecen, hemos intentado desarrollar accciones concretas como por ejemplo:

Información general: la primera acción fue la producción de un documento de información general titulado "La seguridad de las mujeres de Montreal". Ese documento da principalmente consejos a las mujeres en diferentes momentos de la vida cotidiana: en la casa, en la calle, etc.

Guía para la seguridad de las mujeres: un sondeo reciente indicaba que en Montreal el 60% de las mujeres no se sienten seguras al circular de noche por las calles de la ciudad. Eso nos conduce a pensar que la urbanización de Montreal es un factor esencial para mejorar la situación. Según las mujeres, un lugar es seguro si permite: saber donde uno está y dónde uno va; ver y ser visto; escuchar y ser escuchado; poder escaparse; y obtener socorro. La pregunta en este momento es la siguiente: ¿cómo saber si nuestro medio ambiente responde a esos indicadores? En consecuencia, la municipalidad de Montreal decidió entonces crear una guía para la seguridad de las mujeres en la cual elaboró un instrumento para determinarlo: "el paseo exploratorio". Este permite hacer una evaluación crítica del medio ambiente. El instrumento está basado en el hecho de que las mujeres son las que pueden identificar más eficazmente sus peligros, constituyendo una etapa muy importante de la apropiación del espacio público por las mujeres. Los factores del medio ambiente a considerar son: la señalización; el alumbrado público; los sitios propicios para esconderse; las previsiones de desplazamiento; la parroquia; la proximidad del socorro; y la urbanización.

Proyecto inter-estaciones (paradas de autobuses): consiste simplemente en permitir, de noche y a las mujeres que lo soliciten, bajar del autobús entre dos estaciones.

Proyecto "Aquí está usted entre buenas manos": consiste en una colaboración con los comercios dispuestos a empeñarse en brindar seguridad urbana a las mujeres permitiéndoles, en caso de peligro, refugiarse en el negocio. Los empleados de cada comercio participante han recibido consejos de "Tandem Montreal" sobre la manera de actuar en esos casos.

Campaña "El Nombre de los hombres contra la violencia: el compromiso de rechazar la violencia de los hombres a las mujeres": en 1995, los empleados de "Tandem Montreal" iniciaron una campaña de sensibilización sobre la responsabilidad de los hombres en lo que refiere a la violencia que viven las mujeres. Una declaración fue escrita en esa ocasión: "Considerando: que toda mujer tiene derecho de ser respetada y de vivir en seguridad; que la inseguridad de las mujeres en las ciudades es justificada; que los hombres tienen la responsabilidad de eliminar la violencia masculina hacia las mujeres; y que el silencio de los hombres contribuye a limitar la participación de las mujeres en la vida urbana; nos comprometemos a DENUNCIAR la violencia hecha a las mujeres, bajo cualquier forma; a FAVORECER la comprensión de la inseguridad y del miedo que viven las mujeres; a PARTICIPAR en la búsqueda de soluciones, creando alianzas con las mujeres; y a ACTUAR concretamente, de manera individual y colectiva para eliminar todas las formas de violencia, ya sea verbal, psicológica y física, cometidas contra las mujeres; y para aumentar la seguridad de las mujeres". Nuestra meta era hacer firmar a veinte mil hombres que se comprometan a apoyar esta declaración. Y lo cumplimos, más de esa cantidad firmaron la declaración.

La seguridad de los niños (entre 0 y 12 años)

A instancias del Municipio, el Programa limita su acción a los niños de 12 años y menos. La razón principal es que otros proyectos municipales se ocupan de la clientela adolescente. El programa "Juventud 2000" por ejemplo, ha sido creado para los jóvenes entre 13 y 14 años. Pero para los niños, "Tandem Montreal" ha creado un personaje que se llama "Prudencia". Su misión es hacer la promoción de la seguridad con respecto a los niños. Para apoyar el personaje hemos producido un libro para colorear que presenta una serie de situaciones que pueden ser peligrosas para los niños. El libro propone también varias alternativas que se ofrecen a los niños y a sus padres.

La seguridad de las personas de edad

La ciudad de Montreal vive en este momento un fenómeno muy importante de envejecimiento. Como lo sabemos todos, las personas de edad, siendo más vulnerables, tienden a desarrollar un miedo y una inseguridad mayores. Nos parece, entonces, esencial preocuparnos de ese fenómeno. Para ello, un buen ejemplo de acción fue una obra de teatro interpretada por personas de edad. La obra se titulaba: "La seguridad, ¿conoce usted?"

La seguridad en los lugares públicos

Sobre ese punto, "Tandem Montreal" trabaja para incluir la noción de seguridad en todo proceso de urbanización de la municipalidad de Montreal.

La prostitución

En estos últimos años, Montreal conoce un traslado de los sectores comerciales de la ciudad hacia sectores residenciales, cuyos residentes han reaccionado muy negativamente. Todo el mundo está de acuerdo en decir que ninguna respuesta tradicional al problema de la prostitución ha tenido éxito. Hay que explorar nuevos caminos e identificar nuevas alternativas. Esas son las metas sobre las cuales trabajamos en este momento. Es por eso que la Municipalidad de Montreal ha creado un "Comité de reflexión sobre la prostitución de la calle y la prostitución juvenil".

Conclusión

Como lo decía precedentemente, la condición para que una ciudad tenga legitimidad es que sus habitantes se sientan bien, seguros y felices. La muerte de una ciudad pasa invariablemente por su abandono progresivo y su deserción. Y las responsables de esa huida son la criminalidad, la violencia y la inseguridad. En cambio, el alegato en favor de una "ciudad sana" está basado en la voluntad de empeño de cada uno de nosotros para cambiar las cosas. Comprometámonos juntos a ganar el pleito del miedo y de la inseguridad en nuestras ciudades, en nuestros países. Eso me parece ser un juicio definitivo, sin apelación.

Preguntas del auditorio a la Dra. Lola Aniyar de Castro y al Prof. Serge Bruneau

Pregunta para la Dra. Lola Aniyar de Castro:
¿Cuál fue el rol de las otras agencias del Estado implicadas en políticas sociales en relación a su participación orgánica o no en los Comites de Seguridad Vecinales, más allá de las políticas que el Estado les había encomendado en los ámbitos de su competencia? O sea, si había una concepción integral del tema de la prevención.
Por otro lado, qué pasó después de su gestión en el gobierno en relación al funcionamiento de estos Comites, y si de alguna manera, los dotaron de un instrumento que hiciera sustentable esto mas allá de la voluntad política en el tiempo en el cual ustedes fueron gobierno, otorgándoles un marco legal.

Respuesta: Como nosotros éramos gobierno y teníamos en las manos la gestión de salud, de educación, de seguridad, de obras públicas, etc., prácticamente todo lo podíamos manejar. En un gobierno que podríamos decir casi de criminólogos, de alguna manera eso contribuía a la integración de las medidas de prevención porque había, como ya he dicho, participación popular en todas estas áreas. Pero efectivamente no contábamos con las escuelas, con las entidades privadas, etc., dentro de los Comités de Seguridad Vecinales, ya que éstos eran totalmente locales y vecinales, realmente vecinales. Esta fue la concepción que quisimos poner en práctica para que ellos no se sintieran penetrados por un instrumento ajeno a su propia experiencia local. Esto fue casi voluntario, queríamos que fuera una cosa totalmente vecinal. Sin embargo, nos encontramos con una cosa muy interesante y es que estos Comités después intentaban organizarse para solucionar problemas de salud, de educación y se fueron extendiendo ellos mismos en sus ámbitos de competencia y tocando otras esferas de actividades interesantes. Esto suponíamos que iba a pasar. Hemos visto experiencias comunitarias, por ejemplo en materia de salud, donde nos encontramos con que esos mismos Comités se organizaban para defender los derechos humanos, para responder a un atropello en la calle, es decir, que ellos tienden a convertirse en un Estado dentro de otro Estado. Tienen tanta cantidad de autononía de acción e imaginación que automáticamente ellos extienden su actividad a otras áreas.

En cuanto a qué pasó después de nuestro gobierno, yo obtuve un informe sobre lo que hizo el gobierno posterior, manejado por un militar que tenía más la obsesión de la seguridad pública que la perspectiva racional, elástica del criminólogo. Ellos pensaron que en los Comités de Seguridad no había un marco legal para su funcionamiento, pero los mantuvieron porque había mucha satisfacción en las comunidades y evaluaron esto y se dieron cuenta de que gustaba. Pero en el documento evaluativo que les mencioné, que era muy breve -no lo puedo asegurar, pero sospecho- que no están actuando de la misma manera. Efectivamente no había un marco legal. No se si fue un defecto, el no otorgar a través de un decreto dicho marco, pero queríamos que todo fuera muy flexible. Claro que lo ideal hubiera sido que se entendiera cuál era la filosofía que había detrás de todo esto para que siguiera funcionando de esa manera.

Pregunta para la Dra. Lola Aniyar de Castro
Usted mencionaba en su exposición que dentro de los Comites de Seguridad Vecinales funcionaba un mecanismo de control de las decisiones que podía establecer un límite acerca de lo que se hacía dentro de los mismos, que era la Ley y los Derechos Humanos. ¿Nos podría explicar cómo funcionaban esos mecanismos de control y cuál era el actor encargado de controlar las decisiones comunitarias?

Respuesta: Los únicos elementos oficiales que nosotros incorporamos dentro de los Comités de Seguridad Vecinales fueron los prefectos de la zona que eran la autoridad civil inmediata y poca gente policial. Ellos estaban obligados a evitar las extralimitaciones en las actividades de los Comités porque tenían que manejar el concepto legal, lo que no quería decir que ellos impusieran la solución legal como única solución posible dentro de la actividad de los Comités.

 Pregunta para el Prof. Serge Bruneau:
¿Sería tan amable de contarnos algunas experiencias relacionadas con seguridad abocada a los niños?
Respuesta: En lo que respecta a los niños de Quebec, a partir de los 5 años, existe la posibilidad de ir a una guardería y dentro del marco de trabajo que se hace en las guarderías, se han creado instrumentos para descubrir e identificar los niños en condiciones de riesgo. Luego se trabaja con asistentes sociales y psicólogos que hagan el seguimiento al mismo tiempo de los niños y de sus padres. Ustedes saben que la intervención debe hacerse de la manera más precoz posible si queremos evitar que nuestros niños y jóvenes se transformen en delincuentes, no es ni a los 15 ni a los 16 años que tenemos que empezar la acción. Nuestros estudios demostraron que el período entre 0 y 6 años es el momento crucial para nuestra intervención, y es en este sentido que las acciones de desarrollo social están orientadas hacia los niños y sus familias.

Pregunta para la Dra. Lola Aniyar de Castro:
¿Qué experiencia tienen en Venezuela sobre la disminución de delitos de jóvenes adolescentes y en especial menores de 18 años?

Respuesta: Le voy a confesar a la amiga latinoamericana que las estadísticas delictivas en Venezuela son prácticamente inexistentes y las que hay son muy malas. No podemos participar en absoluto en legitimar una respuesta sobre la base de denuncias ante los organismos oficiales porque no tienen ningún sentido, sabemos que los hechos negativos, llamémoslos así, generalmente no llegan a esa instancia y se dice que la administración de justicia maneja solamente no más que el 2% ó 3% de los hechos punibles en general y todo pasa a nivel de la vida cotidiana. Los delitos, si los van a medir por sentencia, seguramente esa medición es tardía, no corresponde con las etapas. Uno de los grandes problemas de la criminología tradicional es cómo elaborar un sistema de estadística que sea representativo de la realidad. Ha habido muchos estudios sobre esto como modelo y creo que todos son mas o menos fallidos porque el número no da la variedad del hecho o la riqueza misma del hecho que se produce. Así que no trabajamos mucho sobre estadísticas, y trabajamos más sobre sentimiento o sobre todo lo que se va percibiendo en la cotidianidad.

Pregunta para el Prof. Serge Bruneau:
Un elemento importante era lo que planteaba con mucho énfasis el Prof. Serge Bruneau con respecto al diagnóstico de los problemas de una comunidad o una ciudad. No entendí si en ese diagnóstico la metodología que se utiliza es de arte de experto o de intervención-acción. Es decir, hay varias formas de realizar un diagnóstico y me gustaría saber la forma en que lo han llevado a cabo. Por otra parte, respecto a la experiencia en Montreal sobre "el hacer con" y no "el hacer para": en el "hacer con" me gustaría saber cómo lo implementaron en el caso de los niños, ancianos y principalmente con prostitutas.

Respuesta: En lo que tiene que ver con el diagnóstico nosotros trabajamos con los servicios de policía y con los medios universitarios, con el objetivo de comprender bien cuál es el problema, sus causas y de qué manera el problema puede afectar a la comunidad. Por ejemplo, por lo menos una vez cada cuatro meses nosotros hacemos asambleas públicas con la comunidad y los invitamos a que vengan a contarnos los problemas relacionados con la seguridad y cuáles son las soluciones que pueden imaginar, ya que hemos descubierto que frecuentemente la comunidad conoce las soluciones, se trata de no olvidar preguntárselas. También hacemos encuestas con empresas privadas especializadas en cuanto al diagnóstico, y para terminar, también tenemos un modelo que identifica el conjunto de las preguntas o de los asuntos sobre los cuales tenemos que trabajar.

Respecto del "trabajar con" y el "trabajar como", lo que quería decir con ello es que con frecuencia nosotros llegamos con soluciones que son como premoldeadas. Les voy a dar un ejemplo. Hace algunos años el medio institucional se asoció con una empresa privada con el objetivo de colocar en los sachets de leche la foto de un niño que había desaparecido. Este proyecto se extendió y cuando venía la mamá a sacarse fotos, se dieron cuenta que en la comunidad no había niños perdidos, todo el trabajo se había hecho sin demandarle a la comunidad si había realmente un problema. Cuando yo digo "hacer con" se trata de tener la seguridad de que todos los actores de la comunidad han tenido ocasión de expresarse y por lo tanto de participar en el consenso de reflexiones y en la implementación de las soluciones.

En cuanto a la prostitución en Canadá, ésta no es ilegal, en cambio, todos los medios que permiten a la prostituta solicitar al cliente, son prohibidos legalmente. Es por esto que tenemos una total confusión. Por otro lado, durante estos últimos años, fue la represión hecha por la policía la que nos trajo el siguiente problema: tuvimos un desplazamiento de la prostitución a lugares comerciales y a los barrios más residenciales con la consecuencia de que la población empezó a quejarse de los problemas de jeringas, preservativos, y mucho acoso. Por lo tanto, la ciudad de Montreal decidió crear un "Comité de Recepción sobre la Prostitución" para ver cuáles son las acciones que podrían emprenderse. Este Comité está compuesto por el conjunto de los actores: en un lugar de la mesa están los servicios de policía y en el otro lado las prostitutas, abogados, representantes parlamentarios y concejales municipales. Vamos a tener el informe dentro de dos semanas de la administración municipal para saber cuál es la orientación que debemos tomar, sobre todo una orientación que nos lleve a la cohabitación y para que ésta tenga lugar vamos a crear grupos de mediación. Igualmente, tenemos que implementar los recursos para ayudar a aquellas prostitutas que quieren salir de la prostitución, pero actualmente estamos faltos de recursos.

Pregunta para el Prof. Serge Bruneau:
¿Cómo se expresa el sentimiento de inseguridad del cual usted habla?

Respuesta: De las primeras comprobaciones que debemos hacer en la ciudad de Montreal es que el sentimiento de inseguridad es mucho más alto respecto que de lo que la criminalidad podría hacernos pensar. En relación a la manera en que se expresa, una encuesta nos indicó que el 60% de las mujeres no salen de sus domicilios cuando cae la noche. Otra manera en que se constata es la deserción en los lugares públicos. A pesar de que allí no pasa nada, en algunas partes o plazas de la ciudad de Montreal la gente ya no va. Otro elemento al cual podemos hacer referencia es el papel de los medios de comunicación. Hace aproximadamente un mes uno de los principales diarios de Montreal, hizo un reportaje para identificar las 5 calles más peligrosas de la ciudad. Montaron un escenario donde hablaban unas 30 personas (choferes de ambulancias y de taxis) y a partir de su opinión -que respeto-, se etiquetó a 5 calles como las más peligrosas. Según los medios de comunicación su objetivo era hacer prevención. El resultado fue totalmente contrario: la gente tuvo miedo, ya no camina por esas calles y sabemos que un factor de aislamiento trae en sí mismo o comporta más riesgo. Por otro lado, hubo empresas que no quisieron instalarse allí porque pensaban que era un barrio con mucha criminalidad y delitos. ¿Qué había ocurrido? Los medios habían generalizado la situación de la inseguridad a partir de apenas uno o dos casos.

Pregunta a la Dra. Aniyar de Castro y al Prof. Serge Bruneau:
¿Cuáles son las causas de criminalidad tanto en Canadá como en Venezuela?

Por otra parte, si bien ustedes han descripto claramente la participación comunitaria y desde la civilidad, no me queda claro cómo la policía recibe esto y cómo es el trabajo con ella.

Respuesta de la Dra. Lola Aniyar de Castro: En primer lugar, nosotros no creemos en causas de criminalidad sino en factores que pueden favorecer o no un hecho delictivo. Nunca hablamos de causas, no somos criminólogos positivistas. Lamento no poder responder esa pregunta porque no está en mi esquema mental responder sobre causas de criminalidad.

Entonces, sí sabemos que hay factores que predisponen y que tienen que ver con carencias vitales, educativas, alimenticias, habitacionales. Este es un panorama sumamente complejo y rico, pero no se trata de causas eficientes o determinantes, a modo de única causa, sino que adoptan la forma de una serie de circunstancias que al estar presentes (o no) en un determinado momento, favorecen la aparición de conductas delictivas. Por otra parte, debemos decir que no hay mucha investigación en este terreno. Lo que la presencia de estos factores nos demuestra es favorecen la emergencia de conductas dañinas en estos sectores, en los cuales las deficiencias existen. Pero no siempre esto quiere decir que los pobres sean delincuentes, que los hombres que no tienen educación son delincuentes, que los hogares disociados tengan hijos delincuentes, esto no es cierto, eso nunca se ha podido probar. Hay un montón de estudios dedicados a medir todas las variables presentes en cierto tipo de conductas delictivas, con jóvenes control o testigo, de otras categorías. Cuando fueron valorados los resultados, dando peso específico a determinados factores, se extrajeron tablas de predicción que no sirvieron para mucho, pero que sí sirvieron, en cambio, para que hubiera controles injustos e ilegales sobre menores que habían vivido circunstancias similares a las que yo señalaba y que no eran delincuentes. Así es que no puedo responder sobre las causas de la criminalidad en Venezuela.

En relación a la otra parte de la pregunta, la policía seguía trabajando como siempre aparte de estos procedimientos de los Comité de Seguridad Vecinales. Había un policía asignado a cada Comité que sabía cuál era su función dentro de ese Comité, pero había policías en otros sectores haciendo lo que siempre han hecho.

Lo que yo quería mostrar, es como funciona la relación policía-comunidad en los diferentes modelos. La policía de patrulla es la policía que está por encima de la comunidad, es la que dirige toda la acción. La Community Policing -como dicen los americanos- implica una relación de la policía hacia la comunidad como una respuesta, que también vuelve a la policía. Pero todavía no hay una integración policía-comunidad, no es una sola actividad integrada como es la que logramos con los Comités de Seguridad Vecinales donde la acción era realmente una sola. La vigilancia del vecindario es la comunidad sola trabajando sin policía, pero la policía seguía haciendo sus operativos y sus patrullajes, sólo que paralelamente teníamos montados estos Comités (que nunca logramos tenerlos en todos los estados). Zulia es un Estado sumamente grande y fue una experiencia de unos 130 comités de esta naturaleza. No todo el Estado estaba organizado así.

Respuesta del Prof. Serge Bruneau: En lo que tiene que ver con las causas es evidente que no podemos identificar una sola causa. Hay múltiples factores. En cambio, las investigaciones han identificado ciertos factores que predisponen a la delincuencia. Por ejemplo, una investigación reciente en Montreal ha demostrado que la calidad de la relación entre padres e hijos es muy importante, y que nada tenía que ver el número de padres. En lo que concierne a Quebec, existe actualmente una tendencia según la cual las familias monoparentales cuyo jefe de familia es una mujer, son familias que están más en riesgo de generar conductas delictivas; sin embargo, los estudios demuestran que esto es falso. Otro elemento es la cuestión de la autoridad. Hay estudios que demostraron que si no hay una relación de autoridad, si no hay un marco bien establecido, aumenta el riesgo. De todos modos, las Naciones Unidas en el Congreso de La Habana hace unos 10 años ha identificado el conjunto de factores predisponentes y estos factores son múltiples. Sería muy difícil, por lo tanto, establecer una causa directa con un solo factor.

En cuanto a la policía, en Montreal tenemos dos tipos de relación con la policía. Pero antes me gustaría explicarles el estado actual de nuestro servicio de policía, el cual desde hace dos años está en una etapa de transición muy importante. Estamos pasando de una policía profesional a una comunitaria o de vecindario, de proximidad. Porque uno de los reproches importantes hechos por la comunidad era la distancia que había con la policía. La tecnología, ustedes saben muy bien, es muy interesante; en Montreal, los autos patrulla tienen una computadora, un teléfono, tienen todo el material necesario para trabajar sin salir del auto. El jefe de policía, hace dos años, decía que su mayor desafío era que la policía saliera de sus autos. Tras decir esto, volvamos a la relación policía-comunidad. En Montreal hay 23 comisarías, lo que nosotros llamamos comisarías de barrio. Cada una de estas comisarías de barrio atiende a una población de aproximadamente 40.000 personas, y en cada una de ellas hay uno o dos policías que tienen una primera responsabilidad que es la prevención del delito y la relación con la comunidad. En lo que tiene que ver con el Programa de prevención de la criminalidad de Montreal, en cada una de las regiones de la ciudad hacemos encuentros, reuniones, para formular la legislación común. Cada una de estas comisarías tiene un Comité de partenaires, donde se encuentran los empresarios, la comunidad, los organismos comunitarios, los concejales, que trabajan conjuntamente para el establecimiento de un plan de acción local. En otro nivel, yo tengo regularmente encuentros y reuniones con la alta dirección de la policía para discutir la filosofía de intervención, las grandes directivas, las líneas de orientación. También tenemos la Comisión de Seguridad Pública compuesta por siete concejales municipales, quienes realizan un encuentro entre la policía y la población y hablan sobre cuestiones de seguridad. Por ejemplo, una vez al año, el servicio de policía plantea públicamente su plan de acción para el año siguiente y en ese momento se invita a la población a cuestionar y establecer las prioridades de la policía y mostrar si están o no de acuerdo. Nosotros buscamos establecer un diálogo permanente y lo más transparente posible entre la policía y la comunidad.

Dra. Lola Aniyar de Castro (agrega comentario): Nosotros discutimos que cada barrio era distinto y había prioridades diferentes, entonces tenía que ser muy pequeña la esfera de coordinación, muy limitada a la especificidad local para que tuviera efecto. Cuando convocamos a personas de las fuerzas vivas, de la comunidad, de la policía, de la iglesia, de los medios de comunicación, resultaban cosas de un carácter muy general. La solución hay que darla en el nivel más pequeño, siempre.

 

Pregunta para la Dra. Lola Aniyar de Castro y el Prof. Serge Bruneau:
En primer término, desearía saber si existen estadísticas o estudios que definan en qué medida las conductas delictivas provienen de quienes se han educado en familias contenedoras de clase media o de los ambientes marginales donde no han tenido una educación y una formación elemental.

En segundo término, con qué instrumentos se han enfrentado estos problemas, es decir, dirigidos a aquellos que no han tenido educación, como por ejemplo se expresaba de los niveles de educación de 1 a 6 años de 6 a 12 etc..

Respuesta de la Dra. Aniyar de Castro: Los que hemos manejado la criminología nos hemos encontrado que hay delincuencia en todos los niveles sociales. Hay delincuencia violenta en las clases altas, medias y bajas de la misma manera. También sabemos que los medios de contención social formal de que disponemos son medios profundamente selectivos y que quienes que van a parar a las instituciones de corrección son los de las clases bajas. No hay una estadística sobre eso, pero evidentemente hay conductas delictivas en todos los sectores, variables según las prioridades afectivas, intelectuales, etc., según la clase a la cual se pertenece. Pero evidentemente en todas las clases hay violencia juvenil. En relación a la segunda parte de su pregunta, yo he sido funcionaria de un gobierno local por el espacio de dos años. Actualmente, no formo parte del Ministerio de Justicia ni de los departamentos de prevención del delito, los cuales funcionaron de manera totalmente simbólica en nuestro país. No hay ninguna manera de hacer prevención desde una oficina pública, cerrada en un ministerio, no tiene ningún sentido. Hay directores de prevención del delito que hacen algunas investigaciones, pero en la práctica ello no sirve para absolutamente nada porque no existe coordinación con las otras agencias que pueden solucionar los problemas. Entonces, yo diría que en Venezuela no hay prevención del delito, lo debo reconocer. Por otro lado, no fue una prioridad porque no hubo respuestas inmediatas. Como el Estado está en emergencia económica-social, las crisis de delito son resueltas políticamente, en forma rápida, ya que estas cosas no dan resultado electoral. Esto es lo que yo descubrí estando en el mundo político; no es lo que yo creo, pero es lo que existe. Entonces, no es prioritario. Se creó una gran comisión para la prevención del delito donde estaban representadas las universidades, diferentes ministerios, etc.. Se nombraron personas y se mostraron en los medios de comunicación. La acción concreta desaparecía, ya que el tema no es prioridad del gobierno en la medida en que hay problemas mayores en otros niveles que producen más impacto político que lo que puede tener la prevención del delito, la cual es una tarea siempre de muy largo plazo y profundamente racional, contradictoria con los intereses políticos.

Respuesta del Prof. Serge Bruneau: Mis palabras van a ser similares a lo que acabamos de escuchar. Los estudios realizados en Canadá demostraron que las conductas delictivas provenían de todas las clases sociales de la comunidad. Pero hay que tener cuidado, ya que, contrariamente, ha habido estudios realizados en cárceles o en centros de detención de menores que hicieron un retrato de la "clientela" de esos lugares y así sacaron la conclusión de que los jóvenes delincuentes provenían de las familias menos favorecidas. Pero lo que sabemos, también, es que cuando un joven de una familia pudiente se presenta ante un juez, sus padres le dicen al juez que tienen mucho dinero y que enviarán a su hijo a ver a un psicólogo o a un psiquiatra, y en consecuencia el joven no será inscripto en el centro de readaptación. Por lo tanto, hay todo un rostro oculto de la realidad. Pero no deja de ser cierto que los jóvenes que vienen de familias menos favorecidas, con problemas de educación, son jóvenes que probablemente corren mayores riesgos de tener problemas en el futuro. En Quebec tenemos un índice de desempleo muy elevado entre los jóvenes, lo que, por cierto, tiene un efecto sobre la delincuencia.

Otro elemento se relaciona con el tipo de delincuencia. Hemos visto que los jóvenes de familias menos favorecidas cometían a menudo delitos de subsistencia: robar ropa, robar radios, televisores, para poder tener lo que sus padres no podían pagarles. En contrapartida, hemos constatado que los jóvenes que provienen de familias más favorecidas, cometían delitos más ligados a hechos como estafas y tráfico de estupefacientes. Vemos entonces que hay diferencias en el tipo de delitos dependiendo de la clase social. Por otra parte, siempre ha sido un tema importante para los criminólogos; el hecho de ver que en una misma familia uno de los hijos puede convertirse en delincuente y otro no. Es por ello que hablamos de la incidencia de múltiples factores.

La otra cuestión se vincula con la ayuda a los niños. Actualmente, existen programas que tienen por objeto ayudar tanto a las familias como a los niños que tienen problemas. Pero desgraciadamente estos programas son más bien excepcionales y no están suficientemente generalizados. Es por ello que el gobierno canadiense ha determinado que los jóvenes y las familias tendrán la prioridad a nivel de la prevención de la delincuencia. En cuanto a los adolescentes, antes eran enviados a centros de readaptación o de rehabilitación, donde sólo debían cumplir con actividades de tiempo libre. Desde hace unos veinte años, los jóvenes que van a esos centros también van a la escuela (los profesores concurren a los centros); así, los jóvenes que salen del centro tienen un diploma como el de cualquier otro estudiante y cada vez más los centros ofrecen la posibilidad de aprender un oficio.

Comentario de la Dra. Lola Aniyar de Castro: Yo quisiera trasmitirles una experiencia que tuvimos en el campo de educación, que fue muy interesante porque de alguna manera también influía en medidas de prevención de la violencia y de la delincuencia de los niños. Cuando incorporamos a la comunidad la gestión de la escuela, los padres, constituidos en una microempresa familiar, producían los informes, las meriendas de la escuela, obras de teatro, todo a través de lo cual mostraban su pertenencia al medio escolar y trabajaban conjuntamente con los maestros, lo que permitía un mayor control sobre la actividad de los niños en la escuela correspondiente. De esta forma, la comunidad se convirtió también en la dueña de la escuela: administraba sus recursos, decidía cuáles eran sus actividades fuera de cátedra. Fue importante porque en estas comunidades siempre trabajábamos con las escuelas públicas que estaban en los lugares más pobres, y había un distanciamiento entre la familia y la vida cotidiana de los niños. A partir de esta experiencia, en cambio, la relación era permanente y servía de control.

 

Pregunta para la Dra. Lola Aniyar de Castro:
Cuando usted hablaba de la actividad de los Comités de Seguridad Vecinales, planteaba que el límite estaba dado por la legalidad y los derechos humanos. Mi preocupación es saber qué previsiones tomaron al respecto en cuanto a la preparación y al monitoreo de los operadores, sobre todo en el ámbito policial .

Respuesta: Lo que yo quería decir cuando hablé de los Comités de Seguridad Vecinales es que los operadores policiales, como miembros de la comunidad, no podían extralimitarse para que no se produjeran linchamientos, caza del delincuente, etc.. Ellos debían acudir a los organismos policiales cuando no funcionaban sus propias respuestas, no se podían aceptar medios que afectaran la vida y la salud de las personas sólo por ser sancionadas de alguna manera.

Pero el trabajo con la policía era muy complejo y yo no voy a decir que fue del todo exitoso. Yo decreté la libre elección y remoción de funcionarios policiales por parte de la gobernadora. Los delitos cometidos por la policía eran encubiertos por los otros policías, y los comités que revisaban los expedientes de denuncias contra la policía eran a su vez, integrados por policías. Entonces, sacamos esos comités integrados por esos policías y relevamos integrantes de toda la comunidad (profesionales, abogados, etc.) para elaborar esos expedientes. Aún cuando no había suficiente prueba, también los removíamos porque sospechábamos que era cierto que habían cometido esos delitos, brutalidades, abusos policiales, etc.. Nos parecía mucho más peligroso dejar una persona uniformada y con un arma cometiendo delitos que nosotros no podíamos probar, a pasar por encima las normas legales. Yo reconozco que esto era de alguna manera una extralimitación legal y por eso hubo gran desconfianza por parte de los cuerpos policiales hacia la gobernadora, y también protestas. Pero intentamos, y de alguna manera logramos, empezar a purificar la policía. Así, la policía tomó conciencia de que tenía un organismo controlador por encima de ella y que no era la misma policía. No voy a decir que eliminamos totalmente la delincuencia policial. Nosotros encontramos una policía que robaba vehículos y que se peleaba con la guardia nacional para ver quien manejaba una mafia u otra de delito, era una cosa terrible y todavía es así. A pesar de que eran graduados en la escuela de policía, nosotros hicimos muchas cosas, hasta dar clases allí, nos metíamos allí, nunca se vio un gobernador tan involucrado en los problemas policiales como en las otras problemáticas. A pesar de eso, nos encontramos con policías que eran retrasados mentales, que eran totalmente incultos, que no entendían cual era realmente su función y que, al ser personas que estaban allí porque venían de las clases mas bajas de la población porque un uniforme, una gorra y un revólver le dan cierto poder, ya teníamos un elemento de oposición muy grave en la reforma policial. Entonces, había que empezar de cero todo el procedimiento de reclutamiento policial. (Hay dos investigaciones psicológicas que se hicieron hace tiempo sobre los elementos de la personalidad de los delincuentes y de los policías y se encontraron líneas muy parecidas en su personalidad).

Esto es muy difícil de transformar, requiere mucha voluntad política y es difícil de reformular desde un gobierno democrático. Lamentablemente, tengo que decir eso. Porque cuando hay que pasar por encima de los procedimientos legales para poder controlar a la policía, estás actuando de manera no democrática, y hay que tener capacidad para ser autoritario en ciertas cosas para realizar esto. Es como una "guerra civil", la que hay entre el ciudadano y la policía, son sistemas de lucha por el poder; la policía se siente dueña de un sector del poder del cual no está dispuesta a desprenderse y eso tiene que ver con lo que Zaffaroni llamaba el "espíritu corporativo", exactamente una verdadera mafia.

Nosotros encontramos una policía gobernada por la Guardia Nacional, es decir, que el jefe de la policía era un coronel de la Guardia Nacional que iba cambiando, pero siempre era un miembro de las fuerzas militares. Esto nos pareció inapropiado y dijimos que tenían derecho a gobernar su propio cuerpo, con la condición de que el cargo de jefe de la policía debía ser elegido por concurso. En ese concurso participamos el Rector de la Universidad y yo misma y, en un proceso que nos pareció casi perfecto, hicimos la selección. En dicho proceso encontramos policías graduados de abogados que estaban ejerciendo la profesión siendo policías –cosa alarmante pensar lo que podían hacer en este doble rol-, concluyendo que estaban obligados a optar por una u otra profesión. Así, nos encontramos con muchos casos, los cuales representaban desvíos respecto de las funciones que por ley debían cumplir. Finalmente, y en virtud de este procedimiento, seleccionamos a quien fue el primer policía para gobernar la policía, que resultó un triunfo para el cuerpo policial, en el sentido corporativo. Al asumir, expresó que bajo su dirección no iba a permitir que se perdiera el "honor policial". Un tiempo después, nos encontramos con que este policía recibía dinero para comprar presos.

Respuesta del Prof. Serge Bruneau: En pocas palabras, diré que en Quebec todos los niños van a la escuela entre los 6 y los 18 años, completando la escuela primaria y secundaria. A continuación, empiezan las especializaciones y las personas que quieren convertirse en policías deben seguir un curso de dos años de técnica policial y luego hacer una pasantía de seis meses en el Instituto Nacional de Policía. Después de eso están habilitados para trabajar como policías. Creo que es importante señalar que todos los policías reciben la misma formación; no existen, pues, dos niveles de policía. Además, los altos mandos de la policía deben disponer de un diploma universitario para acceder a los puestos de mayor grado. Hace un rato mencioné que se está dando una transición en la policía hacia las comisarías de barrio. En cada una de las comisarías barriales hay un comandante, que fue retirado de sus funciones durante doce meses para recibir una formación especializada. Ni en EE.UU. ni en Canadá somos inmunes a casos de mal desempeño policial, creo que eso se da en todos lados, así que también tenemos en Canadá un Comité de Deontología Policial, independiente del Servicio de Policía, y este Comité recibe quejas, que en su mayor parte provienen de la población, y en consecuencia se inicia una investigación y se toma una decisión al respecto. El objetivo buscado es ser lo más transparente y democrático posible, pero sin embargo seguimos encontrando obstáculos.

 

Pregunta para la Dra. Aniyar de Castro:
En cuanto a los Comités de Seguridad Vecinales, en el debate contemporáneo, tanto en el paradigma de la nueva prevención como en el paradigma anglosajón de la seguridad comunitaria, hay un riesgo recurrente a nivel de las reflexiones tanto del ámbito académico como del ámbito político, y es quién define la agenda de los problemas dentro de la comunidad. En muchos casos -y esto se ve en las experiencias que se están dando en la Argentina, tanto en la provincia de Santa Fe, como en Buenos Aires y me animaría a decir también en Capital Federal-, estos controladores de las decisiones comunitarias se transforman en definidores de los problemas y generan unas lógicas que restringen la participación ciudadana en forma más o menos evidente. Entonces, mi primer pregunta es si había un mecanismo de control sobre esta definición de las agendas de problemas y un mecanismo de control sobre los controladores y su actuación en la definición de las agendas de problemas. Por otro lado, si bien no se realizó una evaluación de toda la experiencia de sus dos años como Gobernadora para la construcción del diagnóstico de base, antes de lanzar esta iniciativa política ¿se hizo algún tipo de investigación empírica, no sobre encuestas de criminalidad, cosas que usted ya ha contestado, pero, por ejemplo, sobre encuestas de opinión pública o algo así?

Respuesta: Nosotros hacíamos Comités de Seguridad Vecinales sobre barrios muy delimitados y pequeños, de clase baja, donde la gente que iba de voluntaria a trabajar sobre eso tenía control sobre sus vecinos, porque eran vecindades pequeñas y por lo tanto suponíamos que representaban la opinión global. Nunca tuvimos quejas, denuncias ni protestas y debo decir que el pueblo de Maracaibo es un pueblo muy protestador; nos hubiésemos enterado en seguida porque los programas de radio están abiertos a las comunidades y todo el mundo opina y tiene algo que decir. Sin embargo, fue todo lo contrario. Los ciudadanos expresaban su satisfacción, y el problema que teníamos era la cantidad de barriadas que venía a pedir que les organizáramos Comités; casi todos los barrios querían tener su propio Comité. Así que había como una especie de automático control sobre las decisiones.

Con respecto a la segunda parte de su pregunta, no se hizo ninguna investigación específica para eso, pero éramos criminólogos y sabíamos todo lo que estaba pasando porque teníamos mucho contacto con los barrios. Los estudiantes hacían trabajos de investigación, teníamos eso que yo llamo el "sentimiento" de lo que estaba pasando, así que fue así, fue muy empírico y porque además no nos podíamos dar el lujo de esperar.

 

 

Conclusiones del Trabajo en Grupos

Grupo I:

Trabajadores sociales, sociólogos y funcionarios discutieron el significado de la convocatoria, especialmente la violencia urbana, sus causas, la prevención de la misma, las distintas formas de abordaje del fenómeno. Se expresó la necesidad de efectuar un diagnóstico lo más certero y fundado posible sobre el rol del Estado en temas de seguridad, que en los últimos veinte años ha desfuncionalizado su accionar con respecto a su participación en la vida social y económica, dejando al mercado sin los controles que podrían permitir una menor desigualdad e inequidad. Dichas desigualdades e inequidad fueron varias veces mencionadas, factores asociados a la inseguridad y a determinados factores de niveles de violencia.

Lo primero que se discutió fue el rol de los investigadores, sobre cómo aplicarlo a lo concreto, en los dos niveles como ser la investigación científica por un lado y por otro el tema de los programas de acción. Otro problema que se abordó fue la falta de un diagnóstico cierto y de datos oficiales confiables sobre el problema de la inseguridad y la violencia. En segundo, lugar se señaló que se partió de una crisis socio-cultural por una parte lejana, pero por otro lado, vinculada a los años de dictadura militar que favoreció una cultura autoritaria y la impunidad en el accionar de los organismos represivos. Por eso es necesario estudiar y analizar cómo actúa el sistema penal en sus tres agencias: poder policial, poder judicial y poder penitenciario, y los efectos que produce con su accionar sobre la población, en especial en aquellos que pasan por dichos sistemas. Se necesita saber y analizar las políticas de prevención no penal, en particular políticas sociales que desarrolla tanto el Estado nacional como estados provinciales y municipales. En ese sentido, se rescató la necesidad de la participación comunitaria y de organizaciones sociales, también se discutió acerca de la necesidad de un diagnóstico de la incidencia de la penalización de la tenencia y comercio de drogas prohibidas en el tema de la seguridad y la violencia.

El medio de abordaje no puede ser otro que sostener la necesidad de la investigación empírica y la metodología de técnicas de investigación situadas tanto en las universidades públicas como en las instituciones privadas.

 

Recomendaciones:

 

Grupo II:

Este grupo abordó el tema desde diversas perspectivas y estuvo integrado interdisiplinariamente y luego de un rico debate, básicamente se acordaron algunas conclusiones que serían las siguientes:

Grupo III:

En lo que respecta al fenómeno de la violencia criminal urbana los miembros del grupo interviniente concluyeron en que nos encontramos ante un fenómeno totalmente nuevo que nos impacta y del cual conocemos muy poco, dado que no existe sobre el tema un desarrollo teórico sólido y serio hasta el momento.

Hay coincidencias en que se trata de un fenómeno multivariable sin que pueda llegarse a detectar variables que pueden influir en mayor o menor medida en su producción. Se discutió que existe una ausencia total de diagnóstico sobre este fenómeno ya que se carece de un marco teórico así como referencial a nivel nacional y a nivel temporal y de falta de discusión a nivel académico.

Se destaca como valorable la reunión organizada por las dos Secretarías convocantes y la propia convocatoria al presente encuentro, ya que por lo general existe una fuerte desconexión entre las instituciones y los expertos en el marco de universidades o instituciones no oficiales que trabajan en tareas de investigación o de acción con la comunidad. Asimismo la experiencia indica que por lo general los proyectos presentados o solicitados desde áreas institucionales no son tomados en cuenta en el momento del planteo de las políticas públicas.

Se consideró como paso previo y necesario para el abordaje del fenómeno que nos preocupa, la necesidad de conocerlo para saber desde donde abordarlo; en función de ello parece como imprescindible partir de una compilación de las diferentes experiencias desarrolladas por grupos diferentes en regiones del país de manera de no desaprovechar los insumos que ya existen. Con esa base se hace necesario una tarea de diagnóstico que incluya lo ya relevado y que sume investigación teórica y empírica.

Tales investigaciones deberán contar previamente con una tarea de base teórica que comience por describir los indicadores que han de utilizarse y una unificación en los criterios de análisis. Asimismo parece aconsejable una mayor centralización de la información y de las acciones a nivel nacional ya que la dispersión institucional en cuanto a la cantidad de entes institucionales que se ocupan de los mismos temas provoca un desperdicio serio de esfuerzos y de medios donde debe existir coherencia institucional. Además, las reformas legislativas no deben estar alejadas ni de la realidad social ni de las políticas públicas que aparecen en función de estos estudios. El Estado debería promover y sostener la investigación sobre estos temas seleccionando prioritariamente aquellos investigadores que tengan mayor experiencia en el área.

En relación con los modelos de prevención de violencia urbana el grupo considera que no puede avanzarse demasiado en su construcción sino a partir de poseer un diagnóstico sobre el fenómeno basado en investigaciones teóricas y empíricas apoyadas por sondeos a nivel nacional y, de no ser posible, al menos a nivel regional

Intervención del Lic. Juan Carlos Dominguez: Este es un primer documento que nutrirá la elaboración de la propuesta de prioridades de investigación en el tema. Por otra parte, las conclusiones de estas tres mesas de trabajo y las exposiciones de la Dra Lola Aniyar de Castro y del Prof. Serge Bruneau serán objeto de una publicación por parte de los dos organizadores de este encuentro. Antes de pasarle la palabra al Dr. Julio Aparicio, para el cierre, quisiera dejar abierta la posibilidad de que si hay algo que ustedes dijeron o formularon en los talleres que quedó sin mencionar hasta ahora, lo pueden hacer en este momento.

Intervención de un participante del Grupo I: Se trata de algo que quedó sin insertar por una omisión involuntaria, que se refiere al planteo que formule yo y que incluso fue apoyado por otros distinguidos miembros de este grupo relacionado con el tema de la pobreza, la miseria, la marginación, la exclusión social, el aumento de la desocupación, como disparadores del incremento de los delitos contra la propiedad, particularmente hurto y robo. Estoy hablando de la relación que existe -como bien dice un prestigioso médico forense de la ciudad de Córdoba- entre el aumento de la desocupación y el delito contra la propiedad. Me parece que esto es algo que debería ser incorporado en las conclusiones del grupo, porque es algo que se trató explícitamente.

 

Respuesta del Coordinador del Grupo I: Esto es algo que está incorporado en las conclusiones, aunque no con sus palabras, pero cuando decimos que "...el Estado ha desfuncionalizado su accionar con respecto a su participación en la vida social y ecónomica, dejando al mercado sin los controles que podrían permitir una menor desigualdad e inequidad...", estamos afirmando que dichas desigualdades e inequidad son factores asociados a la inseguridad y a determinados niveles de violencia. Creo que estamos diciendo lo mismo que usted está mencionando en este momento.

 

Intervención de la Dra. Lolita Aniyar de Castro: Me preocupa la relación tan esquemática de pobreza con delito ya que tiende a estigmatizar a las clases pobres y menos favorecidas como delictivas cuando se lo expresa de esa manera. Ahora bien, de una forma más abarcativa se demuestra que malas condiciones de vida pueden conducir a situaciones de angustia y mucha desesperación favorecedoras de conductas y hechos delictivos. Pero si lo planteáramos así, también tendríamos que hablar de los delitos cometidos por las altas clases contra la propiedad, porque si no va a aparecer una asociación muy fuerte entre pobreza y delito y ello es inaceptable.

 

Intervención del Participante del Grupo I: No fue eso lo que yo quise decir, sino más bien que parece existir una correlación positiva entre el aumento del desempleo y el de la delincuencia, particularmente en relación con los delitos contra la propiedad. Las estadísticas demuestran que se multiplicó la desocupación y en esta misma dirección los delitos contra la propiedad.

 

Intervención de otro participante del Grupo I: Yo tenía entendido que en el grupo habíamos consensuado que la tarea era la identificación de problemas y de necesidades de investigación. En consecuencia, me parece que este tema en particular –la asociación entre desocupación y delincuencia- es objeto de estudio, quedando planteado para la etapa de corroboración o no de hipótesis en su marco.

 

Cierre de la jornada, a cargo del Sr. Secretario de Política Criminal, Penitenciaria y de Readaptación Social del Ministerio de Justicia de la Nación, Dr. Julio Aparicio

Creo que ha sido no sólo una jornada de trabajo excelente, sino muy intensa y productiva. En primer término, quiero agradecerle al Secretario de Ciencia y Tecnología, Lic. Juan Carlos Del Bello, quien ha sido nuestro anfitrión en este lugar, por sus atenciones y su preocupación, no sólo por concretar este encuentro, sino por incluir en la agenda de los temas prioritarios de la Secretaría de Ciencia y Tecnología -que como bien decía hoy en su discurso inaugural, ha sido históricamente más proclive a incorporar temas de ciencia aplicada, de tecnologías- estas problemáticas que son tan sensibles y tan importantes y a veces tan carentes del auxilio y del apoyo que esta Secretaría a partir de ahora le va a prestar. Para los que operamos en sistemas esto va a ser un aporte invalorable y por eso nuestro reconocimiento.

El segundo reconocimiento es a los dos expositores de hoy. A la Dra. Lola Aniyar de Castro y al Prof. Serge Bruneau, quienes no sólo han sido claros y didácticos sino que nos han aportado ideas, experiencias, nos han comentado realidades de otros ámbitos y nos han demostrado algo fundamental: la prevención es posible, el asunto es llevarla adelante. Creo que estamos en una etapa en la cual tenemos que reunir esto que dicen las recomendaciones: seguir estudiando, seguir investigando, seguir profundizando, pero también empezar a concretar las medidas preventivas que toda la población exige.

Por otro lado, sobrevuela en esta sala de especialistas la idea de que si no comenzamos rápidamente con las acciones de prevención, siempre vamos a estar cayendo en acciones de represión. Entonces, creo que tenemos que asumir todos el compromiso, cada uno desde su lugar, de llevar a todos los ámbitos de la Argentina la idea de que con la gestión y la participación de la comunidad se puede desarrollar un listado de problemas particulares a cada una, sobre las bases que se diseñen como fruto de los trabajos y las investigaciones. ¿Quién mejor que ella conoce su situación y puede autogestionarse, con el auxilio del Estado, de las universidades y las instituciones intermedias, para buscar las soluciones? Y esas soluciones, cuando hablamos de prevención, serán en última instancia de prevención del delito pero en primera instancia serán de prevención general y, por encima de todo, serán soluciones para el mejoramiento de la calidad de vida, que es la obligación máxima a la cual debemos de propender.

Los aportes de la Dra. Lola Aniyar de Castro y del Prof. Serge Bruneau han sido significativos y han actuado como muy buenos disparadores de ideas que están en esta producción y que, en poco tiempo, grupos heterogéneos y que no se conocían han podido concretar. Finalmente, y creo que me voy a tomar la libertad de incluir en este pensamiento al Lic. Del Bello, queremos agradecerles a todos los participantes de este encuentro el aporte que han hecho de sus trabajos, del pensamiento, de la discusión, de la buena voluntad y de las ideas para ayudarnos a ambos a conformar, en dos ámbitos distintos, dos caras de una misma moneda: buscar mejores formas de vida tanto en los ámbitos urbanos como en los rurales pero, sobre todo, en la totalidad del territorio nacional, para toda la población. Frente a un problema que, más real o menos real, es indudablemente muy sentido como tal, creo que la obligación nuestra era poner en marcha este mecanismo que -como decía Juan Carlos Domínguez hace unos minutos- va a continuar, y en lo que respecta al ámbito del Ministerio de Justicia y la Secretaria de Política Criminal, Penitenciaria y de Readaptación Social, entiendo que en el mes de Octubre va a estar funcionando el Consejo Intersectorial de Política Criminal. Será un cenáculo parecido a éste, probablemente con muchos de los mismos actores, siempre con la idea de buscar políticas que sean pluralistas, consensuadas, factibles, realistas, eficaces y eficientes. El aliento que tenemos nosotros es ver cómo, este martes en pleno día de trabajo, cuando todos tienen sus obligaciones y cuando ha viajado mucha gente del interior del país e invitados del exterior, hemos tenido esta intensidad de trabajo, esta voluntad amistosa, estas discusiones muy trenzadas y muy provechosas, cada uno sosteniendo su idea, llegando a productos que si uno los mira, pueden diferir en cuanto a su formulación, en el ordenamiento, en las palabras, pero sobrevuelan todos las mismas ideas.

Entonces, más que despedirnos de todos ustedes, más que despedirla a la Dra. Aniyar de Castro y al Prof. Bruneau, queremos agradecerles su presencia y aportes generosamente volcados diciendo: hasta la próxima.